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EL REDESCUBRIMIENTO DE LA PREDICACION EXPOSITIVA

In recursos bíblicos, sermones on marzo 10, 2012 by cesaito27

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EL REDESCUBRIMIENTO DE LA PREDICACION EXPOSITIVA

Richard L. Mayhue

 

 

La austeridad de la predicación bíblica se empaña de modo significativo debido a que los comunicadores contemporáneos están mas preocupados de la relevancia personal que de la revelación de Dios.  La Escritura inequívocamente requiere una proclamación centrada en la voluntad de Dios y en la obligación que tiene la humanidad de obedecer. El patrón expositivo se recomienda a si mismo, mediante hombres totalmente comprometidos con la Palabra de Dios, como predicación que es fiel a la Biblia. La exposición  presupone un proceso exegético que extrae el significado que Dios le dio a la Escritura y una explicación de ese significado  en una manera contemporánea. Es necesario recapturar la esencia bíblica y el espíritu apostólico  de la predicación expositiva en el entrenamiento y la predicación de hombres que están dedicados a “predicar la Palabra”.

El Seminario de Maestros, se une a otros en aceptar la urgente responsabilidad de transmitir el legado paulino de “predicar la Palabra (2 Ti. 4:2) Este volumen señala un esfuerzo por inspirar en los predicadores del siglo veintiuno un patrón de predicación bíblica heredado de sus predecesores.

Cada generación sufre las críticas circunstancias que Amós le profetizó a Israel: “He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua sino de oír la palabra de Jehová” (Am. 8:11) Los siglos recientes han probado nuevamente esta necesidad.

UN REPASO DE LAS TENDENCIAS RECIENTES

 

En una explicación de Hebreos 8:10, el comentarista puritano William Gouge (1575-1653) destacaba:

 

Los ministros han de imitar a Dios y realizar su mejor esfuerzo para instruir al pueblo en los misterios de la santidad y enseñarles que creer y practicar, para entonces conducirlos a obrar, de que practiquen lo que se les enseñó. De otra manera es posible que su labor sea en vano, el no hacer esto es una de las razones principales por las cuales muchos hombres caen en tantos errores como lo hacen en estos días.

A este editorial de Gouge, Carlos Spurgeon (1834 – 1892) añade una palabra acerca de la Inglaterra del siglo diecinueve:

 

Podría añadir que esta última declaración ha adquirido mas fuerza en nuestros tiempos; es entre los rebaños no instruidos que los lobos del papismo crean caos; la enseñanza solida es la mejor protección contra estas herejías que causan desolación a diestra y siniestra entre nosotros.

Juan Broadus (1827 – 1895) también lamentaba la muerte de la buena predicación en los EE.UU., y G. Campbell Morgan (1863 – 1945) notó,

 

La obra suprema del ministro cristiano es la obra de la predicación. Este es un día en el cual uno de nuestros mayores peligros es hacer un millar de cositas mientras ignoramos una cosa, la predicación.

Los siguientes lamentos, típicos de la época, muestran que las cosan habían mejorado muy poco para la mitad de siglo:

 

Excepto por la creciente mundanalidad de sus miembros, el púlpito es punto débil de la iglesia.

 

Pero la gloria del púlpito cristiano es un brillo prestado (…) La gloria se está marchando del púlpito del siglo veinte de forma alarmante (…) A la Palabra de Dios se le ha negado el trono y se le ha dado un lugar desmerecido.

 

Empero todavía es cierto que “cualquiera sean las señales del púlpito contemporáneo, la centralidad de la predicación bíblica no es una de ellas.

Es una tradición enfocada en la centralidad de la Palabra escrita, pocos temas son mas importantes que la interpretación y la proclamación de esa Palabra. Todo el mundo enfatiza la necesidad de una exégesis sólida del texto, pero pocos tienen la pericia para proveer tal exégesis y predicar efectivamente en base a la misma.

Para mediados de los años ochenta se reunió el Congreso Nacional sobre Exposición Bíblica para demandar el regreso a la verdadera exposición bíblica. El tema del congreso demandaba que la iglesia estadounidense volviera a la verdadera predicación bíblica o de otra manera, el mundo occidental continuaría su descenso hacia una cultura desvalorizada. Os Guinnes comentando acerca de la singularidad de los EE.UU. en la cultura contemporánea, declaro preocupado que “En todos mis estudios todavía no he visto una sociedad occidental en donde los bancos de la iglesia estén tan llenos y los hermanos tan vacíos.’

El estudio de John MacArthur acerca de los patrones de predicación a finales de los años ochenta, le llevó a observar:

Específicamente, la predicación evangélica debe reflejar nuestra convicción de que la Palabra de Dios es infalible. Con demasiada frecuencia no es así. Es mas, hay una tendencia perceptible en el ambiente evangélico contemporáneo a apartarse de la predicación bíblica y arrastrarse  hacia un acercamiento temático en el púlpito basado en la experiencia y el pragmatismo.

En los albores de los noventa, parece surgir su ímpetu irresistible a enfocar el púlpito a lo relevante. Siegfred Meuer alertó a los cristianos de los años sesenta en cuanto al mismo “peligro contemporáneo” el comparó la dirección de sus días a las tendencias anteriores de Harry Emerson Fosdick, quien en la década del veinte escribió “El Sermón es aburrido porque no tiene conexión con los verdaderos intereses del pueblo (…) El sermón debe ocuparse de un verdadero problema” Meuer aseveró Fosdick abrió las puertas para que la filosofía y la sicología inundaran el púlpito moderno con incredulidad.

La filosofía de Fosdick suena alarmantemente parecida al consejo ofrecido en una reciente publicación acerca de la relevancia en la predicación contemporánea.

Las personas que no asisten a la iglesia hoy en día son los consumidores definitivos. Quizás no nos guste, pero por cada sermón que predicamos ellos preguntan: “ Estoy interesado en ese tema o no?” Si no lo están no importa cuan efectiva sea su exposición; sus mentes se marcharán.

 

La conclusión implicada es que los pastores deben predicar lo que el pueblo desee escuchar en lugar de lo que Dios ha proclamado. Ese consejo activa la alarma de 2 Timoteo 4:3 que advierte “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias”.

¿Cuál es la respuesta adecuada? Declaramos que estriba en el redescubrimiento y la reafirmación  de la predicación expositiva para la generación venidera de predicadores que enfrentan todas las oportunidades espirituales y los obstáculos satánicos de un nuevo milenio. Concordamos con la evaluación de Walter Kaiser:

Independientemente de que nuevas directrices y énfasis se ofrezcan con regularidad, lo que hace falta, sobre todo, para hacer que la Iglesia sea mas práctica, auténtica y efectiva, es una declaración de las Escrituras con un nuevo propósito, pasión y poder.

OTRA VISITA A LA ESCRITURA

 

Cuando surgen advertencias contra el alejamiento de la predicación bíblica, la única respuesta razonable es un regreso a las raíces bíblicas de la predicación para reafirmar su naturaleza esencial. Al reevaluar la herencia de la proclamación bíblica surgen dos elementos: los mandatos a predicar y la manera de predicar.

Mandatos a predicar

 

Los evangelios, Hechos, las epístolas y Apocalipsis proveen muchos ejemplos así como exhortaciones a predicar la verdad en cumplimiento de la voluntad de Dios. Cinco mandatos significativos representan la extensa cantidad de pasajes como recordatorio del legado apostólico y la reafirmación de la autoridad bíblica para la predicación basada en la Biblia.

Mateo 28. 19-20: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”

1 Timoteo 4.13: “Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.”

2 Timoteo 2.2: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga ahombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.”

2 Timoteo 4.2: “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.”

Tito 2.1: “Pero tu habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina.”

La manera de predicar

 

En su discusión de (kerysso,  que significa “yo predico” o “yo proclamo”), Friedrich señala al menos treinta y tres diferentes verbos empleados por los escritores neotestamentarios para representar la riqueza de la predicación bíblica. En la siguiente discusión, se examinan brevemente las cuatro mas prominentes.

Kerysso se usa generalmente a través de los evangelios, Hechos y las epístolas. Juan el Bautista (Mt. 3.1), Jesús (Mt. 4.17) y Pablo (Hch, 28.31) se involucraron en la acción de predicar tal como lo indica este verbo, Pablo le encomendó esta misma actividad a Timoteo, al decirle que predicara la Palabra (2 Tim. 4.2)

Evanggelizo (evanggelizo, que significa “yo predico el evangelio”)  es prácticamente intercambiable con kerysso (Lc. 8.1; Hch 8.4-5) Pablo y Bernabé predicaron las buenas nuevas de la palabra del Señor (Hch. 15.35).

Martyreo (martyreo, que significa “yo testifico” o “yo doy testimonio”) es un término legal que representa la comunicación de la verdad de parte de alguien que tiene conocimiento de primera mano. Juan el Bautista testificó acerca de la Luz (Juan 1.7-8) y Juan el apóstol acerca de la Palabra de Dios (Ap.1.2)

Didasko (didasko, que significa “yo enseño” se concentra en el propósito y el contenido del mensaje transmitido, sin excluir elementos de los tres verbos anteriores, Jesús les mandó, como parte de la Gran Comisión, a sus discípulos a que enseñaran (Mt. 28.20), Pablo le recomendó la enseñanza a Timoteo (1 Tim. 6.1 y 2 Tim. 2.2). A veces la enseñanza es asociada con kryss (Mt. 11.1) y evanggelizo ch 5.42) El contenido de lo que se enseña se concentra en el camino de Dios (Mt. 22.16) y la Palabra de Dios (Hch 18.11).

Además de estos cuatro prominentes términos, hay muchos otros que mejoran significativamente la forma bíblica de comunicar la Palabra de Dios. Por ejemplo, en Hechos 8.31 el eunuco etíope invitó a Felipe a “guiar(lo)” o “dirigir(lo)”  (hodegeo) a través de Isaías 53. Pablo “explicó” o aclaró” (ektithemi) el Reino de Dios (Hch. 28.23; Ef. 18.26) Pablo le dijo a Timoteo que él debía “confiar” o “entregar” (paratithemi) lo que había escuchado de parte de Pablo a hombres fieles para que ellos también pudieran enseñárselo a otros (2 Tim. 2.2).

El diálogo de Jesús con los dos discípulos en el camino a Emaús añade otras dimensiones a la predicación bíblica. El “explicó” o “interpretó” (diermeneuo) las cosas acerca de si en el Antiguo Testamento, desde Moisés hasta los profetas (Lc. 24.27) Ellos, a su vez se maravillaron de la manera en la cual El había “abierto” o “explicado” (dianoigo) las Escrituras (Lc. 24.32; Ef. 24.45)

Sería provechoso estudiar otras palabras como (anaggello, que significa “yo anuncio” o  “yo declaro” en Hechos 20.27; anaginosko, que significa “yo leo”) en 1 Timoteo 4.13 (parakaleo, que significa “yo exhorto, consuelo”) en 1 Timoteo 4.13: (exegeomai, “yo declaro”) en Hechos 15.12 (laleo,  “yo hablo”)en Juan 3.34; dialegomai, “yo discuto, debato”) en Hechos 17.17: y (Phtheggomai, “yo expreso”) en Hechos 4.18. Empero este breve resumen basta para concluir que un vínculo común en todos los términos bíblicos en sus contextos es un enfoque en las cosas de Dios y la Escritura como algo exclusivamente central en el mensaje del predicador. Indudablemente, esta característica señala la singularidad de la predicación bíblica. Un contenido bíblico y teológico es el sine qua nom, o calidad indispensable, de la proclamación neotestamentaria.

COMO DEFINIR LA PREDICACION EXPOSITIVA

 

Las discusiones acerca de la predicación  la dividen en tres tipos: temática, textual y expositiva. Los mensajes temáticos casi siempre combinan una serie de versículos bíblicos que están vagamente conectados con un asunto. La predicación textual usa un texto breve o pasaje que por lo general sirve como portal hacia el tema que el predicador decide enfrentar. Ninguno de estos métodos representa un esfuerzo serio para interpretar, entender, explicar o aplicar la verdad de Dios en el contexto de la Escritura utilizada.

En contraste con esto, la predicación expositiva se concentra primordialmente en el texto bajo consideración junto con su contexto./ La exposición normalmente se concentra en un texto de la Escritura, pero algunas veces es posible que un mensaje temático teológico histórico biográfico, sea de naturaleza expositiva. Una exposición puede ocuparse de cualquier texto independientemente de cuan extenso sea.

Una forma de aclarar la predicación expositiva es identificar lo que no es:

  1. No es un comentario de palabra en palabra ni versículo en versículo, sin unidad, bosquejo o dirección dominante.
  2. No son comentarios erráticos ni declaraciones casuales acerca de un pasaje sin el trasfondo de una exégesis exhaustiva y un orden lógico.
  3. No es una masa de sugerencias desconectadas e inferencias basadas en el significado superficial de un pasaje que no se apoyan en un estudio profundo del texto.
  4. No es pura exégesis, independientemente de cuán erudita sea, si le falta un tema, una tesis, un bosquejo o un desarrollo.
  5. 5.            No es un mero bosquejo estructural de un pasaje con varios comentarios de apoyo pero sin otros elementos retóricos y homiléticos.
  6. 6.            No es una homilía temática que utiliza algunas secciones del pasaje pero que omite la discusión de otras partes de igual importancia.
  7. 7.            No es una colección desmenuzada de hallazgos gramaticales y citas de comentarios sin la fusión de estos elementos en un mensaje suave, fluido, interesante y motivador.
  8. 8.            No es una discusión de Escuela Dominical que tiene un bosquejo de contenido, que es informal y ferviente, pero que le falta estructura homilética e ingredientes retóricos.
  9. 9.            No es una lectura bíblica que vincula varios pasajes esparcidos que tratan un tema como, pero que no logra manejar ninguno de ellos de manera completa, gramática y contextual.
  10. 10.         No es la común charla devocional que se da en una reunión de oración que combina comentarios generales, declaraciones erráticas, sugerencias desconectadas y reacciones personales de una discusión parcialmente inspiradora pero que no tiene el beneficio del estudio exgeticocontextual básico ni los elementos de persuasión.

 

Antes de continuar adelante, considere el grupo de palabras “exponer, exposición, expositor, expositivo”. Según el diccionario, una exposición es un discurso para presentar información o explicar lo que es difícil de entender. Aplicar esta idea a la predicación requiere que un expositor sea alguien que detalle la Escritura exponiendo el texto a la luz pública para establecer su significado, explicar lo que resulta difícil de entender y emplearlo de manera apropiada.

El entendimiento de Juan Calvino, que tiene muchos siglos de edad, de la exposición es muy parecido.

Primero que todo, Calvino entendió la predicación como una explicación de la Escritura. Las palabras de la Escritura son la fuente y el contenido de la predicación. Como expositor, Calvino introdujo a la tarea de la predicación toda la capacidad de un erudito humanista. Como interprete, Calvino explicó el texto buscando su significado natural, auténtico y bíblico (…) La predicación no sólo es la explicación de la Escritura, sino que también es la aplicación de la Escritura oración por oración a la vida y la experiencia de su  congregación.

 

La exposición  no se define tanto por la forma del mensaje como por la fuente y el proceso mediante el cual se forma este mensaje Unger capta este sentido de forma intensa:

No importa cuán extensa sea la porción a explicarse, si se maneja de forma tal que se aclare el significado real y esencial tal como existió en la mente del escritor bíblico particular, así como existe a la luz del contexto general de la Escritura y aplique a las necesidades actuales de aquellos que lo escuchan, podría verdaderamente decirse que eso es predicación expositiva (…) Realmente no es predicar acerca de la Biblia sino predicar la Biblia. “Lo que dijo el Señor” es el alfa y la omega de predicación expositiva. Comienza en la Biblia y termina en la Biblia y todo lo que interviene brota de la Biblia. En otras palabras la predicación expositiva es predicación basada en la Biblia.

 

Otras dos definiciones de la exposición  contribuyen a aclarar:

En su mejor momento, la predicación expositiva es “la presentación de la verdad bíblica, derivada de y transmitida a través de un estudio histórico, gramático, y guiado por el Espíritu, de un pasaje en su contexto, el cual el Espíritu Santo aplica primeramente a la vida del predicador y luego mediante este a su congregación”.

En los años cincuenta ML-J (Dr. Martyn Lloyd-Jones) era prácticamente el único en Inglaterra involucrado en lo que él denominaba “predicación expositiva” Para darle a la predicación tal designación no era suficiente, en su opinión, que su contenido fuera bíblico; los discursos que se concentraban en los estudios de palabra o que proveían un comentario ordinario y análisis de capítulos enteros, podrían denominarse como “bíblicos”, pero eso no es lo mismo que exposición. Exponer no es simplemente ofrecer el sentido gramatical correcto de un versículo o pasaje, mas bien es el establecimiento de los principios o doctrinas que se suponen expresen las palabras. Por lo tanto, la verdadera predicación expositiva es predicación doctrinal, es predicación que se ocupa de las verdades específicas de Dios para el hombre. El  predicador expositivo no es uno que “enseña sus estudios” a otros, es un embajador y un mensajero, que presenta de forma autorizada la Palabra de Dios a los hombres. Tal predicación presenta un texto y entonces, considerándolo en todo momento, surge una deducción, un argumento y una apelación, cuya totalidad compone un mensaje que lleva la autoridad de la Escritura misma. Según ese entendimiento, la ejecución leal del oficio de la enseñanza requiere que el predicador sea capaz de decir como Pablo: “Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, hablamos en Cristo” (2ª. Cor.2.17). Si esto implica una opinión extremadamente exaltada de la predicación, no es mas, creía el Dr. Lloyd-Jones, que lo que se requiere del oficio ministerial.

 

En resumen, los siguientes elementos mínimos identifican la predicación expositiva:

  1. El mensaje halla su única fuente en la Escritura,
  2. El mensaje es sacado de la Escritura mediante una exégesis cuidadosa.
  3. La preparación del mensaje interpreta correctamente la Escritura en su sentido normal y en su contexto.
  4. El mensaje explica claramente el significado original que Dios procuraba para la Escritura.
  5. El mensaje aplica el significado actual de la Biblia.

Dos textos bíblicos sirven de ejemplo para el espíritu de la predicación expositiva:

Y leían en el libro de la Ley de Dios claramente, y ponían el sentido de modo que entendiesen la lectura (Neh. 8.8).

 

Por tanto, yo es protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios (Hch 20. 26 -27).

 

Un ejemplo en particular es la exposición de Jesús de Isaías 61. 1-2 en la sinagoga (Lc. 4.16-22). Luego ofreció una exposición temática de sí mismo a los discípulos en el camino a Emaús (Lc. 24.27, 32, 44 – 47) En Hechos 8. 27 – 35 Felipe le explicó Isaías 53. 7 – 8 al eunuco etíope. Esteban le predicó un sermón expositivo histórico biográfico a los judíos antes de que lo apedrearan (Hch. 7.2 – 53).

Greer Boyce ha resumido muy hábilmente esta definición de la predicación expositiva:

En resumen, la predicación expositiva demanda que, mediante el análisis cuidadoso de cada texto dentro de su contexto inmediato y el medio ambiente al cual pertenece el libro, se utilice todo el poder de la erudición exegética y teológica moderna en nuestro tratamiento de la Biblia. El objetivo no es que el predicador pueda exhibir toda su erudición en el púlpito. Mas bien, es que pueda hablar fielmente en base a conocimiento sólido de su texto y se suba al púlpito como al menos, “obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.”

 

El último paso del predicador es el mas crucial y e mas peligroso de todos. Es relatar el mensaje bíblico de manera fiel y relevante a la vida moderna. En este punto debe entrar en juego toda su capacidad como artífice. Debemos saber que la exposición fiel de un texto no produce por si misma un sermón efectivo. Sin embargo, también es necesario que se nos advierta que no se debe sacrificar la fidelidad al texto debido a que lo que presumimos sea algo relevante. Muchos predicadores modernos parecen dispuestos a realizar este sacrificio, produciendo como resultado, sermones que son una mezcla de consejo moralista, inconclusas y, algunas veces, descabelladas opiniones, así como lo último en sicología. La predicación expositiva, al insistir que el mensaje del sermón coincida con el tema del texto, llama de regreso al predicador a su verdadera tarea; la proclamación de la Palabra de Dios en y a través de la Biblia.

 

COMO ENTENDER EL PROCESO EXPOSITIVO

 

La discusión de los fundamentos bíblicos y la definición de la predicación expositiva, aunque esencial, es relativamente sencilla. El verdadero reto llega cuando uno tiene que ir del aula al púlpito cada semana. A menos alcanzará su potencial en el arte de la predicación expositiva.

Proponemos, como marco de referencia para esta discusión, que el proceso expositivo incluye cuatro elementos normales: la preparación del expositor, el procesamiento y la aplicación de los principios del texto(s) bíblico(s), la composición del mensaje expositivo y la predicación de la exposición. Las cuatro fases necesitan el mismo énfasis si la exposición ha de ser completamente efectiva a la vista tanto de  Dios como de la congregación.

Como preparar al expositor

 

Ya que Dios debe ser la fuente de los mensajes expositivos, quien presenta tal mensaje debe disfrutar de una comunión íntima con El. Esta es la única manera en la cual se puede ofrecer el mensaje con la mayor precisión, claridad y pasión.

Hay al menos siete áreas de preparación que califican a un hombre para pararse en el púlpito y declarar: “Así dijo el Señor! “

  1. El predicador debe ser un creyente en Jesucristo verdaderamente regenerado. Debe ser parte de la familia redimida de Dios (Jn. 1. 12 – 13). Si un hombre ha de presentar, de manera efectiva, un mensaje personal de parte del Padre celestial, debe ser un hijo espiritual legítimo o el mensaje será inevitablemente distorsionado.
  2. El predicador debe ser señalado y dotado por Dios para el ministerio de la enseñanza y la predicación (Ef. 4. 11 – 16; 1 Tim. 3.2).  A menos que un hombre sea capacitado divinamente para predicar, será inadecuado, sólo poseerá habilidad humana.
  3. El predicador debe tener la inclinación y el entrenamiento para ser un estudiante de la Palabra de Dios. De otra manera, no podrá realizar el mandato de 2ª Timoteo 2.15 de usar “bien la palabra de verdad”.
  4. El predicador debe ser un creyente maduro que demuestre un carácter adecuadamente santo (1ª Tim. 3.2-3).
  5. El predicador debe depender del Espíritu Santo para el conocimiento divino y la comprensión de la Palabra de Dios. (1ª Cor. 2.14 – 15). Sin la iluminación y el poder del Espíritu, el mensaje será relativamente potente.
  6. El predicador debe estar en constante comunión con Dios, mediante la oración para recibir el impacto pleno de la Palabra (Sal. 119.18). Para aclarar las cosas es obvio que se acuda a su autor original.
  7. El predicador debe, primero que nada, permitir que el mensaje que se está desarrollando se filtre a través de su manera de pensar, así como modelo perfecto: “Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos” (Esd. 7.10).

Como procesar y aplicar los principios del texto bíblico

 

El hombre sintonizado con el Espíritu de Dios y su Palabra está listo para comenzar el proceso de descubrir no sólo lo que quería decir Dios originalmente con lo que dijo, sino también los principios apropiados y las aplicaciones para hoy.

  1. 1.            Como procesar el texto bíblico. Un hombre no puede esperar predicar efectivamente sin primer haber elaborado de forma diligencia y minuciosa a través del texto bíblico. Esta es la única manera en la cual el expositor puede adquirir el mensaje de Dios. Dos predicadores de épocas diferentes comentan acerca de esta característica esencial.

Un hombre no puede esperar predicar la Palabra de Dios de manera precisa hasta primero dedicarse a una exégesis cuidadosa y exhaustiva de su texto. Ahí yace el problema, porque la exégesis competente requiere tiempo, poder cerebral, “sangre, sudor y lágrimas, todo saturado con enormes dosis de oración”

Usted revelará rápidamente su ignorancia como expositor si no estudia; por consiguiente, será obligado a la lectura diligente. Cualquier cosa que obligue al predicador a investigar el grandioso antiguo Libro le será de mucha utilidad. Si alguno siente que la labor pueda herir su constitución, recuerde que el trabajo mental es refrescante hasta cierto punto y cuando la Biblia es el tema, la faena es un deleite. Es sólo cuando la labor intelectual va mas allá de los límites del sentido común que la mente llega a debilitarse por ello, y a esto generalmente no se llega excepto por las personas poco juiciosas, u hombres involucrados en temas que no son refrescantes y agradables; pero nuestro tema es recreativo, y el uso vigoroso de nuestras facultades es un ejercicio sumamente saludable para hombres jóvenes como nosotros.

  1. 2.            La aplicación del texto bíblico. La predicación no se detiene con la comprensión de los lenguajes antiguos, la historia, la cultura y las costumbres. A menos que se puedan subsanar los siglos con relevancia contemporánea en el mensaje, la experiencia de la predicación difiere poco del encuentro en el salón de clase. Uno primero tiene que procesar el texto para indagar su significado original y entonces extraer los principios aplicables en la actualidad. Nuestro estudio no alcanza su objetivo si se omite o se desmerece este paso.

 

La composición del mensaje expositivo.

 

En la tercera etapa el expositor ha finalizado su profundo estudio y se pregunta a sí mismo: “Cómo puedo mezclar mis hallazgos de forma tal que mi rebaño comprenda la Biblia y los requisitos para sus vidas hoy?” En cierto sentido, aquí comienza el arte de la exposición.

Nolan Howington utiliza una descripción gráfica para relacionar la exégesis y la exposición: “Por lo tanto, el exégesis es como un buzo que extrae perlas del fondo del océano; el expositor es el joyero que las organiza de forma ordenada y su relación propia entre si”

En esta etapa entran a este proceso los títulos, los bosquejos, las introducciones, las ilustraciones y las conclusiones. El mensaje va de los materiales crudos, extraídos mediante la exégesis, hasta el producto terminado de la exposición, el cual se espera que los oyentes hallen, interesante, convincente y motivador. La clave para este paso es recordar lo que distingue a la exposición: explicar el texto, especialmente las partes difíciles de entender o aplicar. Es de igual importancia recordar no sólo el texto, sino también la audiencia.

F.B. Meyer ofrece este consejo cuando piensa acerca de los oyentes y la forma homilética que tomará el mensaje.

Hay cinco consideraciones a satisfacer en cada sermón exitoso. Se debe apelar a la razón, a la conciencia, a la imaginación, a las emociones y a la voluntad; y para cada uno de estas no hay método mas útil que la exposición sistemática.

 

La predicación de la exposición

 

La decisión final que tiene que tomar el expositor se relaciona con la manera en la que va a predicar, ya sea de memoria o en base a notas. Es posible que este sea el paso mas ignorado en la preparación por aquellos que están dedicados a la verdadera exposición. Con demasiada frecuencia asumen que la labor adecuada en el estudio asegurará que el púlpito se ocupará de si mismo. Es cierto que no hay sustituto para la ardua labor en el estudio, pero el trabajo igual de duro en el púlpito recompensará mucho mas tanto al predicador como al rebaño. James Stalker llama la atención a este reto de manera efectiva:

Los ministros no obtienen suficiente resultado en la atención, satisfacción y el deleite de sus oyentes para el trabajo que realizan;  y el fracaso está en el vehículo de comunicación entre el estudio y la congregación, es decir, en la presentación del sermón. Lo que ruego es que haya mas trabajo para el carbón consumido.

 

En el momento de la presentación, es esencial que el expositor tenga claro su propósito. De otra manera, el mensaje predicado podría estar sumamente alejado del estudiado así como del mensaje de la Escritura. J.I.Packer señala esto contrastando lo que es y lo que no es la predicación.

 

           El propósito de la predicación no es mover a las personas a la acción mientras se subestimen sus mentes, así jamás pueden ver que razón les da Dios para hacer lo que el predicador les pide que hagan (eso es manipulación); ni tampoco es llenar su mente con la verdad, no importa cuán vital y clara sea, la cual entonces yacerá barbecha y no llega ser el semillero ni la fuente de vida cambiadas (eso es erudición inútil) (…) El propósito de la predicación es informar, persuadir y provocar una reacción adecuada hacia Dios, cuyo mensaje e instrucción son presentados.

 

El lenguaje utilizado en la comunicación del mensaje también es importante. Debe ser claro, comprensible, pintoresco y, sobre todo, bíblico. La siguiente fuerte advertencia, pronunciada hace mas de 20 años, todavía es aplicable.

Estimulo a que se siga la terminología bíblica. Gran parte de la predicación moderna ha tomado un giro sicológico y sociológico. Es misteriosa y mística. Establece ideas siquiátricas, usando con frecuencia los términos del siquiatra en lugar de los del evangelismo cristiano. Habla de la represión, de las fijaciones, los traumas, las neurosis y los síndromes, sin final a la vista. Afirmo que en su mayoría estos no son términos que el Espíritu Santo pueda utilizar efectivamente.

Otro asunto crucial es la dinámica del discurso, es decir, la relación de la audiencia y la efectividad de la comunicación. Vines y Allen señalan tres principios básicos para cada expositor:

En resumen, la comunicación efectiva desde el púlpito debe estar familiarizada por la tríada retórica de Aristóteles, a saber, el logos, el ethos y el pathos. Esto implica un conocimiento minucioso del tema y aquí es donde no hay sustituto para la exégesis minuciosa. Esta consiste en un conocimiento detallado de la dinámica entre el conferencias y la audiencia de forma tal que el predicador tiene que hablar de manera íntegra y su audiencia tiene que conocer esta sinceridad y autenticidad.

           Finalmente, contiene un conocimiento de las personas y como responden a la palabra hablada.

 

El expositor, por encima de todo, debe exponer la Palabra como lo hizo Pablo en Corinto (1ª Cor. 2.1-5). El no llegó como un genio erudito o un orador astuto; no llegó con su propio mensaje; no predicó confiado en su fuerza propia. Pablo predicó, mas bien, el testimonio de Dios y la muerte de Cristo, y lo hizo con una confianza bien colocada en el poder de Dios para que el mensaje cambiara las vidas. La exposición languidecerá la dimensión divina que solo Dios puede proveer, a menos que esta clase de dependencia total en El señale la predicación del expositor moderno.

En resumen, de los cuatro pasos en toda la experiencia expositiva; la preparación del expositor, el procesamiento y la aplicación de los principios del texto bíblico, la composición del mensaje expositivo y la predicación de la exposición, no se puede omitir ninguna fase sin hacer peligrar seriamente la certeza y la utilidad de la Palabra de Dios mediada a través del expositor.

CONSIDERACION DE LAS VENTAJAS EXPOSITIVAS

 

La predicación expositiva emula mejor a la predicación bíblica tanto en su contenido como en estilo. Este es el beneficio principal. Aparte de esto, las siguientes son otras ventajas presentadas sin ningún orden en particular.:

  1. La predicación expositiva logra mejor la intención bíblica de  la predicación; presentar el mensaje de Dios.
  2. La predicación expositiva promueve la predicación bíblica con autoridad.
  3. La predicación expositiva magnifica la Palabra de Dios.
  4. La predicación expositiva provee un almacén de material homilético.
  5. La predicación expositiva desarrolla al pastor como un hombre de la Palabra de Dios.
  6. La predicación expositiva asegura los mas altos niveles de conocimiento bíblico para el rebaño.
  7. La predicación expositiva lleva a pensar y vivir bíblicamente,
  8. La predicación expositiva promueve tanto la profundad como la amplitud.
  9. La predicación expositiva obliga el tratamiento de textos difíciles de interpretar.
  10. La predicación expositiva permite que se manejen amplios temas teológicos.
  11. La predicación expositiva aleja a los predicadores de las rutinas y de favoritismos.
  12. La predicación expositiva previene la introducción de las ideas humanas.
  13. La predicación expositiva resguarda en contra de la mala interpretación del texto bíblico.
  14. La predicación expositiva imita la predicación de Cristo y la de los apóstoles.
  15. La predicación expositiva promueve lo mejor del expositor.

COMO DECLARAR LA PREDICACION EXPOSITIVA

 

A medida que declina el siglo veinte y amanece un nuevo milenio, debemos afirmar la ciencia y el arte de la predicación expositiva para la generación venidera. Nadie dijo que sería fácil. Es todo lo opuesto. Ningún otro método de predicación requiere tanto trabajo. De igual manera, ningún otro método recompensa de forma tan abundante.

Si las sugerencias que se han ofrecido están bien fundadas, es obvio que la predicación expositiva es tarea difícil. Requiere mucho estudio profundo de la Escritura en general y mucho análisis del pasaje particular que ha de ser tratado. Preparar un discurso que sea explicativo, aunque verdaderamente oratorio, que tenga una rica masa de detalles, pero que con ellos, lleno de la Escritura y que abunde con aplicaciones prácticas para llevar hasta las mentes insensibles, indoctas e incrédulas el contacto provechoso con una extensa porción de la Biblia, por supuesto que será difícil.

 

Aunque la tendencia creciente entre los predicadores actuales es a la satisfacción del consumidor y a la relevancia contemporánea, reafirmamos que la predicación bíblica debe estar primeramente dirigida a la satisfacción divina y la relevancia del reino. Reflexione cuidadosamente en el resonante llamado de Mark Steege a la predicación expositiva y su dato de autoridad bíblica.

El Señor procura transformar las vidas de hombres a través de nuestra predicación. Debemos ser evangelistas, para despertar a los hombres su eminente llamado en Cristo. Debemos ser heraldos, proclamando los mensajes de Dios a los hombres. Debemos ser embajadores llamando a los hombres a que se reconcilian con Dios. Debemos ser pastores nutriendo y cuidando a los hombre a diario. Debemos ser mayordomos de los misterios de Dios, dándoles la palabra apropiada para cada una de sus necesidades. Debemos ser testigos diciéndoles todo lo que Dios ha hecho por ellos, Debemos ser supervisores, motivándoles a que vivan para Dios, Debemos ser ministros, preparándolos para servir a otros juntamente con nosotros. Mientras reflexionamos en cada una de esas fases de nuestra labor, que énfasis brinda cada una a la importancia de la predicación! Que tarea nos ha dado el Señor!.

 

Aunque R.L. Dabney lo escribió hace mas de un siglo, nos unimos hoy a urgir que:

El método expositivo (…) sea restaurado a un lugar similar sobre el cual fue sostenido en las iglesias primitivas y reformadas; porque, en primer lugar, este obviamente es la única manera natural y eficiente de realizar el único propósito legítimo de la predicación, presentar todo el mensaje de  Dios al pueblo.

2

 

EL MANDATO DE LA INFALIBILIDAD BIBLICA:

LA PREDICACION EXPOSITIVA

 

John MacArthur, Jr.

 

             La atención especial que el movimiento evangélico le ha prestado a la infabilidad de la Escritura en años recientes contiene un mandato a enfatizar la predicación expositiva de las Escrituras. La existencia de Dios y su naturaleza requiere la conclusión de que El se ha comunicado de forma precisa y que es necesario un proceso exegético adecuado para determinar su significado. La comisión cristiana a predicar la Palabra de Dios implica la transmisión de ese significado a una audiencia, una pesada responsabilidad. Por lo tanto, la creencia en la infabilidad requiere, sobre todo, una predicación expositiva que no tenga que ver primordialmente con la forma homilética  del mensaje. En este sentido la predicación expositiva difiere de lo que practican aquellos que no creen en la infabilidad.

 

El punto culminante de la teología en años recientes indudablemente ha sido el intenso enfoque del movimiento evangélico en la infalibilidad bíblica. Gran parte de lo que se ha escrito defendiendo la infalibilidad representa el razonamiento teológico mas agudo que ha producido nuestra generación.

Sin embargo, parece que nuestro compromiso con la infalibilidad languidece un tanto según la forma en la que se encarna nuestro ministerio práctico. Específicamente, la predicación evangélica deberá reflejar  nuestra convicción de que la Palabra de Dios es infalible. Con demasiada frecuencia no es así. Se observa una tendencia en el movimiento evangélico contemporáneo a apartarse de la predicación bíblica y a deslizarse hacia un acercamiento en el púlpito basado en la experiencia, que es pragmático y temático.

O es que acaso nuestra predicación no debería ser exposición bíblica que refleje nuestra convicción de que la Biblia es la inspirada e inefable Palabra de Dios?  Si creemos que “toda la Escritura es inspirada por Dios” e infalible, acaso no deberíamos estar igualmente comprometidos a la realidad de que es “útil para enseñar, para reargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra?” (2ª Tim. 3.16 – 17) O es que acaso esa magnífica verdad no debería determinar cómo predicamos?.

Pablo le dio este mandato a Timoteo: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra;  que instes tiempo y fuera de tiempo; redarguye, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2ª Tim. 4.1 – 2, énfasis añadido), Cualquier manera de predicar que ignore ese propósito y designio de Dios no alcanza el plan divino. J.I. Packer capta elocuentemente el llamado de la predicación:

La predicación aparece en la Biblia como la transmisión de lo que Dios ha dicho en cuanto a sí mismo y sus obras, y acerca de los hombres relacionados con El, además de enfatizar sus mandamientos, promesas, advertencias y confianza, en vista a ganar al oyente y oyentes (…) a una respuesta positiva.

 

Entonces, la única respuesta lógica a la Escritura infalible, es predicarla de forma expositiva. Por expositiva quiero decir predicarla de tal manera que el significado del pasaje bíblico se presente completa y exactamente como Dios quería. La predicación expositiva es la proclamación de la verdad de Dios tal y como es mediada a través del predicador.

Admito que no todos los expositores creen en la infalibilidad. Véase como trata William Barclay a marcos 5.6 en The Daily Study Bible Serues (Serie de estudio bíblico diario). También es cierto que no todos los que creen en la infalibilidad practican la predicación expositiva. Estas, sin embargo, son incongruencias porque la noción de infalibilidad demanda la predicación expositiva y una perspectiva contraria la hace innecesaria.

En otras palabras, que importa que tengamos un texto infalible si no nos ocupamos del fenómeno básico de la comunicación, por ejemplo,  palabras, oraciones, gramática, morfología, sintaxis, etc. Y si no lo hacemos, por que molestarnos en predicarlo?

Walter Kaiser, en su indispensable volumen acerca de la teología exegética, analiza agudamente el actual estado anémico de la iglesia debido a la ausencia de la predicación expositiva.

No es un secreto que la Iglesia de Cristo no está saludable en muchos lugares del mundo. Ha estado languideciendo porque ha sido alimentada con “basura”; se le han servido toda clase de preservativos artificiales y de sustitutos anormales. Por ello, la desnutrición teológica y bíblica ha afligido a la misma generación que ha dado pasos tan gigantescos para asegurarse de que su salud física no se arruine mediante el uso de alimentos o productos carcinógenos o dañinos a sus cuerpos físicos. Al mismo tiempo una hambruna espiritual mundial, que proviene de la ausencia de cualquier publicación genuina de la Palabra de Dios (Am. 8.11) continúa su curso de forma salvaje y casi sin freno alguno en gran parte de la Iglesia.

 

La cura de la predicación expositiva.

Entonces, el mandato es claro. Esta clase de predicación es el género ex positivo en el cual la infalibilidad halla su expresión lógica y la iglesia tiene su vida y su poder. Dicho de manera sencilla, la infalibilidad demanda la exposición como el único método de predicación que preserva la pureza de la Escritura y alcanza el propósito para el cual  Dios nos dio su Palabra.

R. B. Kuiper refuerza este mandato cuando escribe “El principio de que la Predicación cristiana es la proclamación de la Palabra obviamente debería ser decisivo para el contenido del sermón.”

LA INFALIBILIDAD, LA EXEGESIS Y LA EXPOSICION

 

Postulados y proposiciones

 

Me gustaría comenzar la discusión central con estos postulados, que siguen una secuencia lógica, para introducir y sostener mis proposiciones (así como para formar un fundamento verdadero para la infalibilidad)

  1. Dios es (Gn 1.1; Sal. 14.53; Heb. 11.6)
  2. Dios es verdadero (Ex. 34.6; Nm. 23.19; Dt. 32.4; Sal. 25.10 y 31.6; Is. 65.16; Jer. 10.8 y 10.11; Jn. 14.6 y 17.3; Tit. 1.2; Heb. 6.18; 1ª Jn. 5.20 –21).
  3. Dios habla en concordancia con su naturaleza (Nm. 23.19; 1ª Sam. 15.29; Ro. 3.4; 2ª Ti 2.13; Tit. 1.2; Heb. 6.18).
  4. Dios sólo habla la verdad (Sal. 31.5 y 119.43, 142,151,160; Pr. 30.5; Is. 65.16; Jn. 17.17; Stg. 1.18)
  5. Dios declaró su verdadera palabra en coherencia con su verdadera naturaleza para que fuera comunicada a personas (una verdad obvia que se ilustra en 2ª Ti. 3.16-17 Heb. 1.1)

 

Por lo tanto, debemos considerar las siguientes proposiciones.

  1. Dios otorgó su verdadera Palabra para que fuera completamente comunicada tal y como El la dio, es decir, se debe predicar todo el consejo de Dios (mt. 28:20; Hch 5.20; 20.27). Por consiguiente, cada porción de la Palabra de Dios necesita ser considerada a la luz de su totalidad.
  2. Dios dio su verdadera Palabra para que fuera comunicada exactamente como la dio. Debe ser dispensada con precisión, como fue entregada, sin alterar el mensaje.
  3. Sólo el proceso exegético que produce la proclamación expositiva realizará las proposiciones 1 y 2.

El vínculo de la infalibilidad con la predicación expositiva

 

Ahora bien, permítame validar estas proposiciones con respuestas a una serie de preguntas. Estas canalizarán nuestra manera de pensar desde la fuente de la revelación de Dios hasta su objetivo.

  1. 1.    Porque predicar?

Muy sencillo, Dios así lo indicó (2ª. Ti. 4.2) y los apóstoles respondieron (Hch 6.4).

  1. 2.    Que debemos predicar?

La palabra de Dios, es decir, Scriptura sola y Scriptura total (1ª Ti. 4.13; 2ª Ti. 4.2)

  1. 3.    Quién predica?

Hombres santos de Dios (Lc. 1.70; Hch 3.21; Ef. 3.5; 2ª P. 1.21; Ap. 18.20 y 22.6). Sólo después que Dios purificó los labios de Isaías fue ordenado para predicar (Is. 6.6 –13)

  1. 4.    Cual es la responsabilidad del predicador?

Primero, el predicador necesita percatarse de que la Palabra de Dios no es la palabra del predicador, Sino mas bien,

Es un mensajero, no el creador (evaggelizo)

Es un sembrador, no la fuente (Mt. 13.3, 19).

Es un heraldo, no la autoridad (kerusso)

Es un mayordomo, no el propietario (Col. 1.25)

Es la guía, no el autor (Hch 8.31)

Es el servidor de comida espiritual, no el cocinero (Jn. 21. 15, 17).

Segundo, el predicador necesita suponer que la Escritura es (ho logos tou theou, “la Palabra de Dios”) Cuando él está comprometido con esta asombrosa verdad y responsabilidad.

Su meta , mas bien, será estar bajo la Escritura, no sobre ella, y permite por así decir, que hable a través de él, presentando no tanto su mensaje sino el de ella, Eso es lo que siempre debe suceder en nuestra predicación. En la necrología del gran compositor alemán Otto Klemperer, Neville Cardus habló de la manera en la cual Klemperer “puso la música en acción”, manteniendo siempre un estilo deliberadamente anónimo y poco pretencioso para que, a través de él, las notas musicales pudieran articularse a si mismas en su integridad propia. Así debe ser con la predicación; la Escritura misma debe ser la única que hable y la tarea del predicador es sencillamente “poner la Biblia en acción”.

 

Un estudio cuidadoso de la frase (logos theou,” la Palabra de Dios”) halla mas de cuarenta usos en el Nuevo Testamento. Se asemeja al Antiguo Testamento (Mc. 7.13). Es lo que Jesús  predicó (Lc. 5.1). Fue el mensaje que los apóstoles enseñaron (Hch. 4.31 y 6.2) Fue la palabra que recibieron los samaritanos (Hch. 8.14), tal y como la ofrecieron los apóstoles (Hch. 8.25). Fue el mensaje que recibieron los gentiles tal y como lo predicó Pedro (Hch. 11.1). Fue la palabra que Pablo predicó en su primer viaje misionero (Hch. 13.5, 7, 44, 48, 49; 15. 35 – 36). Fue el mensaje predicado en el segundo viaje misionero de Pablo (Hch. 16.32; 17.13; 18.11). Fue el mensaje que predicó Pablo en su tercer viaje misionero (Hch. 19.10). Fue el enfoque de Lucas en el libro de Hechos porque se esparció rápida y ampliamente (Hch. 6.7; 12.24; 19.20). Pablo se ocupo de decirle a los corintios que él habló  la Palabra tal y como le fue dada por Dios, que no había sido adulterada y que fue una manifestación de la verdad (2ª Co. 2.17; 4.2) Pablo reconoció que esa fue la fuente de su predicación (Col. 1.25; 1ª Tes. 2.13).

Así como con Cristo y los apóstoles, la Escritura también ha de ser presentada por los predicadores hoy en día, de forma tal que puedan señalar: “Así dice el Señor”. Su responsabilidad es presentarla tal y como fue dada originalmente y de acuerdo con su respectivo propósito.

  1. 5.    Como comienza el mensaje del predicador?

El mensaje comenzó como una verdadera palabra de Dios y fue dada como verdad por que el propósito de Dios era transmitir verdad. Fue ordenado por Dios como verdad y presentado por el Espíritu de Dios cooperación con hombres santos que la recibieron con la calidad pura y exacta que Dios quería (2ª P. 1.20 – 21). Fue recibido como Scriptura inerrantis por los profetas y los apóstoles, es decir, sin desviarse de la formulación original de la Escritura en la mente de Dios.

Entonces la infalibilidad expresa la calidad con la que los escritores de nuestro canon recibieron el texto que llamamos Escritura.

  1. 6.    Cómo ha de continuar el mensaje de Dios en su estado original?

Si el mensaje de Dios comenzó verdadero y si también ha de ser presentado tal y como fue recibido, que procesos de interpretación a raíz de los cambios de lenguaje, cultura y el tiempo asegurarán su pureza al predicarse actualmente? La respuesta es que sólo el acercamiento exegético es aceptable para una exposición precisa.

Una vez establecida la necesidad esencial de la exégesis, la siguiente pregunta lógica es: “Cómo se vincula la interpretación exegética con la predicación?”

Packer responde de la mejor forma:

Toda interpretación de la Biblia, como tal, debe tomar la forma de predicación. Con esto va una antítesis de igual importancia; que toda predicación, como tal, debe tomar la forma de interpretación bíblica.

 

  1. 7.    Ahora bien, uniendo todo nuestro pensamiento de forma práctica: cuál es el paso final que vincula la infalibilidad a la predicación?

 

Primero, debe usarse el verdadero texto, Estamos endeudados con aquellos eruditos selectos que trabajaron tediosamente en el campo de la crítica textual. Sus estudios recobran el texto original de la Escritura del extenso volumen de copias de manuscritos en existencia que están afectadas por variantes textuales. Este es el punto de partida. Sin el texto como Dios lo dio, el predicador no podría presentarlo como Dios quería.

Segundo habiendo comenzado con un texto verdadero, necesitamos interpretarlo de forma precisa. Pensamos en la ciencia de la hermenéutica.

Como disciplina teológica la hermenéutica es la ciencia de la interpretación correcta de la Biblia. Es una aplicación especial de la ciencia general de la lingüística y el significado. Procura formular esas reglas en particular que se relacionan con los factores especiales conectados con la Biblia (…) La hermenéutica es una ciencia porque puede determinar ciertos principios para descubrís el significado de un documento y porque esos principios para descubrir el significado de un documento, y porque esos principios no son una mera lista de reglas sino que tienen una conexión orgánica entre si. También es un arte, como indicamos anteriormente, porque los principios ni las reglas jamás pueden aplicarse mecánicamente, sino que implican la habilidad (techne)  del interprete.

Tercero, nuestra exégesis debe fluir de una hermenéutica apropiada. En base a esta relación, Bernard Ramm observa que la hermenéutica

Tiene la misma relación con la exégesis que la que tiene un libro de reglas con un juego. El libro de reglas es escrito en términos de reflexión, análisis y experiencia. El juego se juega mediante la ejecución concreta de las reglas. Estas no son el juego, y éste es insignificante sin las reglas. La hermenéutica en sí no es exégesis, pero la exégesis es la hermenéutica aplicada.

 

           Ahora se puede definir a la exégesis como la hábil aplicación de sólidos principios hermenéuticos al texto bíblico en el lenguaje original con el propósito de entender y declarar el significado que procuraba el autor tanto para su audiencia inmediata como para las posteriores. Junto con esto, la hermenéutica y la exégesis se enfocan en el texto bíblico para determinar lo que dijo y lo que significaba originalmente. Por lo tanto la exégesis, en su sentido mas amplio incluirá las diversas disciplinas de la crítica literaria, los estudios históricos, la exégesis gramática, la teología histórica, la teología bíblica y la teología sistemática. La exégesis adecuada le dirá al estudiante lo que dice el texto y lo que éste significa, guiándolo para que pueda realizar una aplicación adecuada del mismo.

La interpretación de la Escritura es la piedra angular no sólo de todo el proceso de preparación del sermón, sino también de la vida del predicador. Un estudiante fiel de la Escritura procurará estar tan seguro como sea posible de que la interpretación es bíblicamente precisa.

 

           Cuarto, ahora  estamos listos para una verdadera exposición. Basados en el flujo del pensamiento que acabamos de sobrepasar, declaro que la predicación expositiva realmente es predicación exégetica y no tanto la forma homilética del mensaje. Merrill Unger comentó apropiadamente:

No es la extensión de la sección tratada, ya fuere un versículo o una unidad mas larga, sino la manera en la que se trata. No importa cuán amplia sea la extensión de la porción a explicarse, si se maneja de forma tal que su significado real y esencial, tal y como existió a la luz del contexto general de la Escritura, es aclarado y aplicado a las necesidades actuales de los oyentes, podría decirse con propiedad que es una predicación expositiva.

 

Como resultado de este proceso exegético que comenzó con un compromiso con la infalibilidad, el expositor está equipado con un mensaje verdadero, con un propósito verdadero y con una verdadera aplicación. Esto le da a su predicación una perspectiva histórica, teológica, contextual, literaria, sinóptica y cultural. Su mensaje es el mensaje que Dios deseaba,

Ahora, debido a que esto parece ser tan obvio, podríamos preguntarnos: “Cómo es que la iglesia perdió de vista la relación de la infalibilidad con la predicación?” Permítame sugerir que principalmente fue por el “legado del liberalismo”.

EL LEGADO DEL LIBERALISMO

 

Un ejemplo

 

Robert Bratcher, antiguo asistente de investigaciones de la Sociedad Bíblica Americana, es el traductor de Good Nees For Modern Man (Buenas Nuevas para el hombre moderno) y también es pastor ordenado por los bautistas del sur, Como uno de los conferencistas invitados a la “Comisión de vida cristiana de la Convención Bautista del Sur”, presentó el tema “La autoridad bíblica para la iglesia de hoy”. Se citó a Bratcher diciendo:

 

             Sólo la ignorancia voluntaria o la deshonestidad intelectual puede responsabilizarse por la afirmación de que la Biblia es infalible. Ningún creyente que ame la verdad, que respete a Dios y que honre a Cristo debe ser culpable de tal herejía. Investir a la Biblia con las cualidades de la infalibilidad es idolatrarla y transformarla en un dios falso.

 

Esta manera de pensar es típica del legado del liberalismo que le ha robado a los predicadores la verdadera dinámica de la predicación. Pregunto: Por que ser cuidadosos con contenido que no refleja la naturaleza de Dios o cuya verdad es incierta.

Nociones Falsas

 

Bratcher y otros que se somete a la infalibilidad “limitada “ o “parcial” son culpables de error en cuanto a varias formas de razonar.

Primero, no han confrontado lo que la Escritura enseña en cuanto a sí misma.

Benjamin Warfield se concentró en el corazón con esta pregunta: “La cuestión verdaderamente decisiva entre los eruditos cristianos (…) pareciera ser: Que doctrina bíblica de la inspiración podemos determinar en base a una exégesis exacta y científica?”.

La respuesta es que las Escrituras no enseñan en ninguna parte que hay una dicotomía verdad y error, y los autores jamás ofrecen ni siquiera la menor pista de que estaban consciente de este supuesto fenómeno mientras escribían. Los escritores humanos de la Escritura concuerdan de forma unánime que es la Palabra de Dios; por lo tanto debe ser cierto.

Segundo, La infalibilidad limitada o parcial asume que hay una autoridad mayor para establecer la calidad de la Escritura que la revelación de Dios en las Escrituras, Ellos se equivocan al darle al crítico a priori un lugar de autoridad sobre las Escrituras, Esto asume que el crítico es infalible.

Tercero, si la infalibilidad limitada es cierta, entonces sus proponentes se equivocan a asumir que haya parte alguna de las Escrituras que sea una comunicación fiel de la verdad de Dios. Una escritura que no sea infalible definitivamente descalificaría la Biblia como la fuente confiable de verdad.

Hay presuposiciones en ambos bandos. Pondrán su fe los hombres en las Escrituras o en los críticos?  Ellos no pueden quedarse con el pastel (Escritura confiable) y comérselo también (infalibilidad limitada). Pinock señaló hábilmente: “El intento de reducir la integridad de la Biblia a asuntos  de “fe” y a su fidelidad histórica es un procedimiento  tonto e injustificado.

Si la Biblia es incapaz de producir una doctrina sólida de la Escritura, también es incapaz de producir, sin ningún grado de credibilidad, una doctrina acerca de ningún otro asunto. Si los escritores humanos de la Escritura se han equivocado en su entendimiento de la pureza de la Escritura Sagrada, entonces se han descalificado a sí mismos  como escritores para ninguna otra área, entonces a cada predicador se le ha robado cualquier confianza y convicción que pudiera tener en cuanto al alegado mensaje verdadero que estaría comunicando para Dios.

Cuál es verdaderamente el asunto?

 

G. Campbell Morgan, el oído como el “príncipe de los expositores” del siglo veinte, fue un mensajero muy usado por Dios. Sin embargo, hubo un momento en su vida cuando luchó con este mismo asunto que estamos discutiendo. Concluyó que si habían errores en el mensaje bíblico, no podría ser proclamada en público de manera honesta.

He aquí un relato de a lucha del joven Campbell Morgan por conocer si la Biblia verdaderamente era la Palabra de Dios:

Por espacio de tres años este joven que contemplaba seriamente un futuro de enseñanza y en última instancia de predicación, sintió que las atormentadas aguas de la controversia religiosa lo arrastraban mas allá de su nivel. Leyó los nuevos libros que debatían asuntos tales como: “Se puede conocer a Dios?” y encontró que la decisión colectiva del autor fue que: “No podemos conocerle”. Se confundió y se desorientó. Ya no estaba seguro de lo que su padre proclamaba en público ni de lo que le había enseñado en el hogar.

             Aparecieron otros libros que procuraban defender la Biblia de los ataques a los cuales se encontraba sometida. Mientras mas leía, mas difícil resultaba contestar las preguntas que llenaban su mente. Aquel que no lo haya sufrido no puede apreciar la angustia espiritual que el joven Campbell Morgan sufrió durante este período crucial de su vida. Esto le permitió sentir mayor simpatía, durante los años posteriores, por jóvenes universitarios que tenían experiencias similares; las que igualó a “pasar por un desierto sin camino alguno”. Finalmente llegó la crisis cuando reconoció su completa falta de seguridad de que la Biblia era la Palabra autorizada de Dios al hombre. Canceló de inmediato todos sus compromisos para predicar. Entonces, tomó todos sus libros, los que atacaban y los que defendían  la Biblia, y los colocó en la esquina de un armario. Al relatar esto luego, como muchas veces lo hizo al predicar, habló acerca de cerrar la puerta con la llave. “Puedo escuchar el ruido de esa cerradura”, acostumbraba decir. Salió de la casa y fue hasta una librería en ese mismo bloque. Compró una Biblia nueva y, al regresar al cuarto con ella, se dijo: “Ya no estoy seguro de que esto sea lo que mi padre declara que es, la Palabra de Dios, Pero de esto estoy seguro. Si es la Palabra de Dios, y si me allego a ella con una mente receptiva y libre de prejuicios, le ofrecerá certeza a mi alma en cuanto a si misma”. “ Esa Biblia  me encontró a mí”, decía “entonces comencé a leerla, era el 1883. Desde ese entonces he sido un estudiante, y todavía lo soy (en 1938).

             Al final de dos años  Campbell Morgan surgió de ese eclipse de fe absolutamente seguro de que la Biblia era, en cada obra y verdad, nada menos que la Palabra de Dios viviente. Citamos de nuevo en base a su relato del incidente: “Esta experiencia es lo que finalmente, me regresó a la tarea de la predicación y a la obra del ministerio. Pronto halle suficiente base como para comenzar a predicar, y seguí desde ese entonces”.

             Una vez que sobrepasó  esta crisis y con una nueva certeza motivando su alma, alcanzó una convicción decisiva. Este Libro, como lo que es. Ameritaba todo lo que el hombre pudiera ofrecer para su estudio, no sólo a causa de Dios, sino también para que aquellas verdades descubiertas por tal investigación de las Escrituras se hicieran conocer al mundo de los hombre en busca de luz, que perecen en las tinieblas sin conocimiento claro de esa voluntad.

 

Que Dios se complazca en multiplicar la tribu de hombres llamados “predicadores” que, convencidos de la naturaleza infalible de la Biblia , se aplicarán en forma diligente para entender y proclamar su mensaje como los que han sido comisionados por Dios para presentarla por El.

NUESTRO RETO

 

Uno de los predicadores mas consagrados que jamás haya vivido fue el escocés Robert Murray McCheyne. Andrew Bonar escribe sobre las memorias de McCheyne:

El deseaba acercarse a la manera primitiva de exponer la Escritura en sus sermones. Por eso cuando alguien le preguntó si alguna vez temía quedarse sin sermones, replicó:  “No solo soy un intérprete de la Escritura en mis sermones, cuando la Biblia se seque, entonces me secaré yo”. Y en el mismo espíritu evitó cuidadosamente la costumbre muy común de acomodar los textos: unir una doctrina a las palabras, y no sacar de ellas la obvia conexión al pasaje. En todo tiempo se esforzó por predicar la idea del Espíritu en un pasaje, porque temía que hacer algo diferente sería contristar el Espíritu que la había escrito. Así que la interpretación era un asunto solemne para él. Y sin embargo, a pesar de seguir este certero principio de forma muy escrupulosa, no se sintió restringido en manera alguna a utilizar, para las necesidades diarias, todas las partes del Antiguo Testamento tanto como las del Nuevo. Su costumbre era establecer primero el sentido principal y la aplicación, y proceder así a tratarlo para usarlo en su momento.

 

La tarea del expositor es predicar el pensamiento de Dios tal y como lo encuentre en su Palabra infalible. Lo entiende a través  de las disciplinas de la hermenéutica y la exégesis. Entonces lo declara de forma expositiva como el mensaje que pronunció Dios y le comisionó a presentar.

John Stott bosquejó hábilmente la relación del proceso exegético y la predicación expositiva:

La predicación expositiva es una disciplina muy ardua. Quizás por eso es que es tan rara. Sólo la emprenderán aquellos que están preparados para seguir el ejemplo de los apóstoles y decir: “No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir a las mesas (…) persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra”. (Hch.6.2, 4). La predicación sistemática de la Palabra es imposible sin el estudio sistemático de la misma. No será suficiente un vistazo general a unos pocos versículos en la lectura bíblica diaria, ni estudiar un pasaje sólo cuando tenemos que predicar del mismo, No. Debemos empaparnos cada día en las Escrituras. No debemos simplemente estudiar, como si usáramos un microscopio, las minucias lingüísticas de algunos versículos, sin tomar nuestro telescopio e inspeccionar las amplias magnitudes de la Palabra de Dios, asimilando su gran tema de la soberanía divina en la redención de la humanidad. “es una bendición”, escribió C.H.Spurgeon, “comer el alma misma de la Biblia hasta que, al fin, llegue a conversar en lenguaje bíblico y su espíritu tenga el sabor de las palabras del Señor, para que su sangre sea bíblica y la esencia misma de la Biblia fluya a través de usted”.

 

La infalibilidad demanda un proceso exegético y una proclamación expositiva. Sólo el proceso exegético preserva completamente la Palabra de Dios, resguardando  el tesoro de la revelación y declarando su significado exactamente como El quiso que fuera proclamado. La predicación expositiva es el resultado del proceso exegético. Por lo tanto, es el vínculo esencial entre la infalibilidad y la proclamación. Se le ha encomendado preservar la pureza de la Palabra infalible de Dios en su forma original y a proclamar todo el consejo de la verdad redentora de Dios.

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HISTORIA DE LA PREDICACION EXPOSITIVA

 

James F Stitzinger

 

             La historia de la predicación expositiva comienza con una comprensión de la predicación revelada y explicada registrada en la Escritura. La predicación legítima en la Era de la  Iglesia continúa la predicación expositiva que comenzó en la Biblia. La historia descubre limitado, aunque rico y continuo legado de expositores bíblicos hasta el día de hoy. Estos hombres que derramaron sus vidas en la exposición de la Palabra de Dios demandan una atención cuidadosa de parte de quienes lo hacen hoy.

 

La abundante herencia de la predicación expositiva en la historia de la Iglesia se concentra en un número relativamente pequeño de hombres que se han dedicado a esta clase de predicación.  Estos hombres que estos hombres que están dedicados a exponer las Escrituras nos animan y retan debido a los profundos resultados de sus ministerios, Dargan señala que “la predicación es una parte esencial y una característica distintiva del cristianismo y, por consiguiente, la extensa historia de movimientos religiosos generales incluye la de la predicación. Además observa que “se debe lidiar con una influencia recíproca; el movimiento ocasionalmente ha producido la predicación, en otras ocasiones la predicación ha producido el movimiento, pero comúnmente colaboran entre sí. Esta profunda influencia de la predicación en general aplica de forma especial a la predicación expositiva. Ha sido un factor significativo en la historia de la iglesia, alcanzando una función digna de estudio.

El apóstol Pablo se refirió a esta predicación como algo que no fue “con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder” (1ª Co.2.4). Instruyó a Timoteo, al establecer el patrón para la iglesia que predicara “la palabra” (2ª Tim. 4.2). Dios ha utilizado los fieles esfuerzos de los predicadores expositivos de su Palabra para honrar su nombre y aumentar la fe de sus santos (1ª Co. 2.5) a través de la historia.

La historia de la predicación expositiva es una división principal de la ciencia y el arte general de la homilética. Al enfatizar la importancia de tal estudio. Gavie escribió lo siguiente hace mas de setenta años.

El mejor acercamiento a cualquier tema es mediante su historia; si es una ciencia, debemos aprender todo lo que podamos acerca de los descubrimientos anteriores; si es un arte, acerca de los métodos anteriores. El predicador cristiano estará mejor equipado para su tarea actual si tiene algún conocimiento de cómo predicaron los hombres anteriormente (…). Aunque hasta en la predicación, como en las actividades humanas de menos importancia, hay modas temporales que sería tonto reproducir una vez que hayan pasado, sin embargo  hay metas permanentes y reglas de predicación, que deben tomarse en cuenta en cada era y que pueden aprenderse mediante el estudio de la predicación pasada. La admiración  de lo grande y lo bueno, aun sin imitación, mejora al hombre y lo hace mas sabio, el predicador cristiano  enriquecerá su valor mediante la intimidad con aquellos a quienes ha sucedido (…) El que ignore menos el pasado estará menos esclavizado al mismo, y dominará mejor el presente quien menos se encuentre restringido por el mismo.

 

Es mas, hay mucho valor  al comprender a aquellos que se han dedicado a una vida de exposición bíblica. La generación actual, cuya historia todavía no ha sido escrita, puede aprender mucho de aquellos que la han completado. Mas todavía hay tiempo para cambiar, reenfocar, mejorar y ser llevado a mayores logros. Exponerse a la historia de la predicación expositiva  provee un contexto, un punto de referencia y una base para distinguir lo transitorio de lo eterno. Motivará a la persona la confianza en la fiel exposición bíblica, mientras que al mismo tiempo aumenta esa confianza. En palabras de Stott, vislumbrará “la gloria de la predicación a través de los ojos de sus campeones en cada siglo”. La historia de la predicación expositiva tiene muchos principios y lecciones que enseñarle a aquellos que la estudien.

EL PERIODO BIBLICO

 

El estudio histórico de la predicación expositiva comienza con un entendimiento adecuado de su registro en la Escritura. Hay dos formas básicas de predicación en la Biblia: reveladora y descriptiva. Toda la predicación posbíblica tiene el trasfondo de la registrada en la Escritura y debe trazar sus raíces  hasta esta fuente.

Aquellos que fueron originalmente comisionados con la tarea de proclamar la Palabra de Dios le revelaron a Dios a los hombres mientras hablaban. Esta Palabra de Dios vino a través de diferentes instrumentos,  incluyendo al profeta que pronunció una palabra divina del Señor, el sacerdote que pronunció la ley y el sabio que ofreció buen consejo (Jer. 18.18). El Antiguo Testamento está repleto con pronunciamientos de estos predicadores reveladores que expresaron de forma precisa el mensaje de Dios para los hombres.

Uno de los primeros ejemplos de la predicación reveladora es el último encargo de Moisés para Israel (Dt. 31 – 33). Este discurso fue presentado con tremenda habilidad y claridad por alguien que una vez se describió a sí mismo como “tardo en el habla y torpe de lengua” (Ex. 4.10).

En sus dos discursos de despedida Josué ofreció profundas palabras de revelación y explicación  a su pueblo (Jos. 23. 2-16 y 24. 2-27).Broadus señala hacia el “agudo uso retórico de la narrativa histórica, el diálogo animado y las súplicas imaginarias y apasionadas” en estos mensajes del Señor.

David y Salomón ofrecieron profundos ejemplos de la  predicación reveladora y descriptiva de la palabra en forma poética. David dedicó muchos salmos a revelar la naturaleza y el carácter de Dios (Sal. 8, 9, 16, 22, 24, 34, 68, 75, 89, 93, 105, 110, 119, 136, 145). Una cantidad similar le explica Dios al pueblo (Sal, 1, 23, 32, 37, 40, 6, 50, 66, 78, 92, 100, 104, 106, 118. 128, 150; véase especialmente 32.8). Los salmos proveen una extraordinaria y rica instrucción acerca de la naturaleza y el contenido de la predicación.

Salomón utilizó proverbios para proveer instrucción (Pr. 1.2-3) enseñó mediante un discurso en la dedicación del templo (2ª Cr. 6. 1-42), “El predicador de Eclesiastés 12.9-10 también ofreció un discurso explicativo acerca de la filosofía de la vida, en el cual procuró pronunciar, mediante la sabiduría (Ec. 1.12-13), “palabras de verdad (12, 10) y tuvo mucho éxito.

Es posible que los mayores ejemplos de la predicaciónveterotestamentaria se encuentren entre los profetas. Una evaluación de sus mensajes revela tanto revelación como explicación. Broadus señala este hecho y su relevancia para los predicadores contemporáneos.

Que sorpresa que la inmensa mayoría del mundo cristiano perdió tan pronto de vista el hecho y que muchos todavía sean tan lentos, aún entre los protestantes, en percibirlo claramente! El ministro del Nuevo Testamento no es un sacerdote, un clérigo, excepto en cuanto a que todos los cristianos son un sacerdocio, él es un maestro en el nombre de Dios, así como el profeta del Antiguo Testamento era un maestro, con la peculiar ventaja de estar inspirado. Usted también sabe que definitivamente el negocio principal de los profetas no era predecir el futuro sino que hablaban del pasado y del presente, con mucha mas frecuencia que del futuro.

Los mensajes proféticos no solo fueron predicciones del futuro (Is. 9.53), sino que frecuentemente llamaron al pueblo al arrepentimiento y a la obediencia (Is. 1.2-31) o le ofrecieron una explicación de la Palabra del Señor (Is. 6). “Los profetas eran predicadores. Varios pasajes en los cuales la explicación la explicación fue el enfoque y el propósito de los mensajes  incluyen el mandamiento de Josías de reparar y reformar la casa del Señor. (2ª R. 22-23); el estudio y la enseñanza de la ley de Esdras (Esd. 7.10), los comentarios de Nehemías acerca de la ley (Neh.8.1-8) y la explicación de Daniel de su visión de las setenta semanas (Dn.9). Los profetas que se refirieron a su obra  como instrucción son Samuel (1ª S 12.23), Isaías (Is. 30.9), Jeremías (Jer. 32.33) y Malaquías (Mal. 2.9). Juan el Bautista ocupa un lugar especial porque mezcló una valiente determinación con una profunda humildad (Jn. 1; 3.22-30) mientras “testificó acerca de Cristo y llamó a los hombres al arrepentimiento y a la fe (Mc. 1.4: Jn. 1.15,29)

Lo que resulta claro en el Antiguo Testamento es que luego de que se ofreciera cierta revelación, el pueblo regresaría a ella con la necesidad de que fuera explicada o expresada. Esto fue particularmente cierto en el caso de las porciones difíciles de comprender. La predicación del Antiguo Testamento proveyó la aclaración necesaria.

Una historia de los expositores bíblicos debe incluir a Cristo, que es tanto el modelo de la predicación como el mensaje a predicarse. Jesús vino predicando (Mc. 1.14) y enseñando (Mt. 9.35). Era bastante joven cuando comenzó a desplegar su comprensión de la Escritura. (Lc. 4.16-30), son modelos perennes de explicación y exposición. En Mateo 5, Jesús dijo: “Oísteis que fue dicho (…). Pero yo os digo”. Al hacer esto, instruyó e iluminó a sus oyentes y amplió el texto, para sorpresa del pueblo. El sobrepasa en mucho a todos aquellos que disputan el título de “predicador” con él. Muchas de las cualidades de la enseñanza y la predicación de Cristo se pueden identificar rápidamente. Las siguientes son algunas de ellas: (1) habló con autoridad (Mt. 7.29); (2) utilizó cuidadosamente las otras Escrituras en sus explicaciones (Lc. 24.27, 44); (3) vivió lo que enseñó (Lc. 2.40, 52); (4) enseñó simplemente para adaptarse al hombre común (Mc. 12.37); y (5) su enseñanza algunas veces fue controversial (Mt. 10.35 – 37). Cristo, para que fuera comprendido apropiadamente, de ser visto “no como un conferencista científico sino como un predicador, primordialmente como predicador al aire libre, que se dirigía a muchedumbre agitada y antipática” Le enseño a sus oyentes la verdad y se la explicó a ellos en palabras simples pero profundas. Algunos se confundieron (Lc.4,28) y otros se regocijaron (Mt. 15.15). El predicador expositivo de hoy debe moldear su ministerio de acuerdo a la obra expositiva de  Cristo. Debe estudiar el método de Cristo cuidadosamente, no como ejemplo a imitarse de forma esclavizada, sino como un ideal a realizarse libremente. La enseñanza de Cristo muestra que la exposición puede tomar varias formas, siempre y cuando sea fiel al propósito distintivo de la explicación de la Escritura.

La predicación de los apóstoles y otros líderes de la iglesia primitiva  contribuye significativamente a la historia de la predicación expositiva. Los mensajes de Pedro (Hch. 2.14-36), Esteban (Hch. 7. 2–53), Pablo (Hch. 17. 16–31) y Santiago (Hch. 15. 14-21) tienen elementos de la predicación reveladora y descriptiva. Las epístolas son, en su mayoría, exposiciones escritas diseñadas para enseñar varias lecciones, Como señala Barclay.

Las cartas de Pablo son sermones mas que tratados teológicos. Se ocupan de situaciones inmediatas. Son sermones hasta en el sentido de que fueron proferidas en lugar de ser escritas. No fueron escritas cuidadosamente por alguien sentado en un escritorio; fueron derramadas por alguien moviéndose de un lado al otro a medida que las dictaba pensando en todo momento en las personas a quienes habrían de ser enviadas. Su estilo torrencial, su catarata de pensamientos, sus complicadas oraciones, llevan la señal de la palabra hablada en lugar de escrita.

 

Pablo en particular, entregó su vida a la predicación de Cristo (1ª Co. 1. 23, 2.2: 2ª Co. 4.5) para revelar quien era El.  (Ro. 1.18; 1ª Co. 2.10; Ef. 3.5) y para explicarlo al pueblo (Ro. 15.4; 1ª Co. 10,11,17; 1ª Tes. 4.2; 2ª Tes. 3.14; 1ª Tim. 1.5) Un estudio cuidadoso de este apóstol como maestro y predicador expositivo de Cristo producirá profundos conocimientos en cuanto a la predicación. Como dijo Broadus acerca de Pablo: “Inconscientemente miles han aprendido a predicar por él, Y cuán abundante y mas completa sería la lección si todos nos aplicáramos a ello de forma consciente y reflexiva”.

Pablo le dijo a Timoteo que “predicara la Palabra” (2ª. Ti. 4.2) que enseñara y predicara estos principios (1ª Tim. 6.2) y que “instruyera” (1ª Tim. 6.17; cf.1ª Tes. 5.15).  Aquí no estaba involucrada la predicación revelada. Aunque los primeros predicadores de la Escritura ofrecieron mensajes descriptivos y reveladores, los timoteos enviados por ellos habrían de concentrarse en explicaciones que expusieran la Palabra al pueblo que necesitaba comprender la verdad (1ª Tim. 4.13; 2ª Tim. 2.15; 4. 2-5). Una vez que la era del Nuevo Testamento llega a su fin la obra de los predicadores bíblicos llegó a ser sólo descriptiva, en lugar de ocuparse de la revelación y la explicación.

La predicación en la Biblia manda sólo una respuesta bíblica para la era posbíblica: continuar explicando y exponiendo el mensaje ahora está plenamente revelado (Hb. 1.1-3). Toda predicación debe ser expositiva se ha de ajustarse al patrón de la Escritura. Es una extensión de la dimensión descriptiva o expositiva de la predicación de los predicadores del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Ya que la exposición está basada en la Escritura, un estudio de su historia en la iglesia debe darse en términos de este trasfondo, El compromiso para con la predicación expositiva así como para con la averiguación para identificar el hilo de expositores a través de la historia de la iglesia, sólo es posible a la luz de la predicación tal y como se le percibe en la Biblia.

LA IGLESIA CRISTIANA ANTIGUA. 100 – 476

 

El rápido deterioro del cristianismo primitivo ha sido bien documentado. La falta de la predicación expositiva en el período post-apostólico es evidencia de esto, pero no es el único problema. El mandamiento del bautismo de los creyentes se convirtió  rápidamente en la doctrina de la regeneración bautismal. La Cena del Señor cambió de un memorial para creyentes a una percepción general de un sacramento que confería gracia salvífica. El liderazgo cristiano cambió rápidamente de los oficios bíblicos de anciano y diácono a la jerarquía humana sacerdotal con los excesos autoritarios del “obispo”, junto con el concepto secular de la “sucesión apostólica”. Una de las principales causas del deterioro fue la importación de la filosofía griega al pensamiento cristiano por parte de los padres de la iglesia. Este intento de “integración” llevó a una erosión completa de la teología bíblica en la perspectiva de muchos de los padres. Hatch, comentando acerca de este cambio, escribe:

 

             Es imposible para cualquiera, ya sea estudiante de historia o no, ignorar la diferencia tanto en forma como contenido entre el Sermón del Monte y el Credo Niceno. El Sermón del Monte es el establecimiento de una nueva ley de conducta: este asume creencias en lugar de formularlas; los conceptos teológicos que subyacen el mismo pertenecen al lado ético de la teología en lugar del lado especulativo; no hay metafísica alguna. El Credo Niceno es una declaración en parte de hechos históricos, en parte de deducciones dogmáticas; es probable que los términos metafísicos que contiene fueran ininteligibles a los primeros discípulos; la ética no tiene lugar alguno en él. Uno pertenece a un mundo de campesinos sirios, el otro a un mundo de filósofos griegos.

 

Los tres productos de la mente griega fueron la metafísica abstracta (filosofía), la lógica (los principios del razonamiento) y la retórica, (el estudio de la literatura y la expresión literaria). La suma de la retórica griega al cristianismo produjo una gran énfasis en el cultivo de la expresión literaria y los argumentos quasiforenses. “Sus predicadores predicaron no porque estaban estallando con verdades que no podían sino expresarse. , sino porque eran maestros de las finas frases y vivían en una era en la cual estas tenían un valor”.

Una indicación significativa de esta adaptación es el alejamiento de predicación, la enseñanza  y el ministerio de la Palabra. Su lugar lo ocupó el “arte del sermón” que estaba mas ligado a la retórica que a la verdad. El concepto del “sermón” griego se convirtió rápidamente en una tradición significativa. Craig concluye, en su excelente artículo, que el “sermón” fue resultado del sincretismo, la fusión de la necesidad Bíblica de enseñar con la noción secular griega de la retórica”. Y continua:

Estos sermones no fueron solamente el establecimiento de teología influida por los griegos. Eran, en realidad, copias externas de la forma retórica de los filósofos griegos mas populares de este entonces. No era totalmente lo que se decía en el sermón, es que toda la presentación y el formato procedía del paganismo.

 

La misma secularización de la predicación cristiana ha dominado la iglesia cristiana hasta hoy día. El expositor bíblico comprometido ha sido, frecuentemente, la excepción en lugar de la regla. Por lo tanto, los expositores aquí mencionados merecen atención especial como representantes de un grupo raro y noble.

Los primeros cuatrocientos años de la iglesia produjeron muchos predicadores, pero pocos verdaderos expositores. Los padres apostólicos (ca. 96-125) siguieron un método tipológico de interpretación en sus obras. Los padres del segundo siglo (ca. 125-190) como Justino Mártir y Tertuliano compusieron apologías en defensa del cristianismo. Los padres del tercer siglo (ca. 190-250) como Cipriano y Orígenes se dedicaron a la polémica, discutiendo en contra de la doctrina falsa. El uso del método alegórico de interpretación, por parte de Orígenes, estimuló un aumento en el interés en la exposición del texto. Desafortunadamente, su alegorización fue destructiva para la verdadera exégesis bíblica y redujo el interés en la exposición entre sus seguidores en la Escuela de Alejandría.

En el cuarto siglo (ca. 325-460), un significativo grupo se dedicó al estudio bíblico serio. Seis de los distinguidos predicadores de este período fueron Basilio, Gregorio Nazianceno, Gregorio de Nisa, Agustín, Juan Crisóstomo y Ambrosio. Además de sus escritos teológicos, Agustín (354-430) produjo mas de seiscientos sermones. Entre sus obras hay exposiciones de los Salmos, homilías acerca del Evangelio de Juan, 1ª Juan y los evangelios. Algunos de sus sermones podrían describirse como exegéticos, pero sus interpretaciones generalmente eran alegóricas e imaginativas, como lo hacían otros en ese entonces.

La excepción mas significativa en el período temprano fue Juan Crisóstomo (347-407). El dirigió, junto con Teodoro de Mopsuestia, la escuela antioqueña de interpretación, que rechazó el acercamiento alegórico. En agudo contraste con sus contemporáneos, Crisóstomo predicó exposiciones versículo por versículo y palabra por palabra acerca de Génesis, Salmos, Mateo, Juan, Hechos, Romanos, 1 y 2 Corintios y las otras epístolas paulinas, Se le ha llamado el “pico de oro” a raíz de su gran habilidad para atraer una audiencia y mantenerla cautivada a través del sermón. Schaff señala que: “General y justamente se le considera como el mas grande orador del púlpito de la iglesia griega. Y tampoco hay nadie que le supere o que le iguale entre los padres latinos. Sigue siendo hasta hoy un modelo para el predicador”.

La predicación de Crisóstomo se caracterizaba por una exposición bíblica sencilla, una valerosa proclamación de la moralidad en lugar del dogma, una profunda solemnidad, y una aplicación dirigida al hombre común. Este poderoso expositor dijo en una ocasión: “Ustedes alaban lo que yo dije, y reciben mi exhortación con tumultos de aplauso; pero muestren su aprobación mediante la obediencia; esa es la única alabanza que procuro”.

EL PERIODO MEDIEVAL, 476 – 1500

 

El período medieval fue quizás el mas pobre para la predicación expositiva. James Philip lo describe de la siguiente manera:

La influencia de la teología escolástica de las universidades, que desde el principio fueron instituciones clericales, dominó, y la combinación de teología y filosofía, así como la aplicación de la lógica aristotélica a la interpretación de la Escritura, con su especulación, análisis y racionalización impuso una aflicción intolerable sobre la predicación que prácticamente  la destruyó como medio efectivo para comunicar el evangelio. Por lo tanto, no sorprende que prácticamente  no haya contraparte alguna para las exhaustivas exposiciones patrísticas de libros enteros de la Biblia en la literatura eclesiástica medieval.

 

Los sermones medievales tardíos se caracterizaban por la interpretación alegórica con su deficiente método exegético tal y como fuera empleado por los intérpretes de Homero e introducido en la iglesia por los padres del segundo y tercer siglo. Aunque el período produjo algunos predicadores famosos, como Pedro el Ermitaño, Bernardo de Clairvaux y Tomás Aquino, ninguno manejó el texto de forma expositiva, Se han detectado débiles señales de la exposición bíblica entre grupos independientes como los paulicianos, los valdenses, y los albingenses, a pesar del hecho de que los grupos frecuentemente eran rechazados como “herejes”.

Una vez que el período medieval llegaba a su final, varios líderes anteriores a la Reforma encendieron una vez mas el fuero de la predicación expositiva. Entre ellos estaba Juan Wyclif (1330 – 1384), quien estaba profundamente preocupado en cuanto a la proclamación de la Palabra. Además denunció la predicación de su tiempo, declarando que debían rechazarse todos los sermones que no trataran la Escritura. Guillermo Tyndale (1494 –1536) sostuvo una opinión similar. Una vislumbre de su predicación se refleja en este comentario acerca de los métodos de interpretación de su tiempo.

Ellos dividen la Escritura en cuatro sentidos: literal, tipológico, alegórico y analógico. El sentido literal ha desaparecido porque el papa lo ha eliminado por completo y lo ha hecho posesión suya. Lo ha encarcelado parcialmente con las apócrifas y falsas llaves de sus tradiciones, ceremonias y mentiras engañosas; y ha apartado a los hombres del mismo con la violencia de la espada; porque ningún hombre se atreve a seguir el sentido literal del texto, sino bajo protesta; “Si le place al papa”. Por lo tanto, usted debe comprender que las Escrituras tienen sólo un sentido, el cual es literal. Y ese sentido literal es la raíz y la base de todo y el ancla que jamás falta, sobre la cual si se agarra, jamás podrá errar o perder el camino.

 

Otros incluyendo a Juan Huss (1373 – 1415) y Girolamo Savonarola (1452 –98) llegaron a ser estudiantes y predicadores de la Escritura sin así desearlo, humanista como Erasmo (1469 –1536) y Juan Colet (1466 – 1519) ayudaron a preparar la base para que llegara la predicación expositiva. Su énfasis en la publicación y estudio de los documentos originales como el Nuevo Testamento griego tuvo su efecto. El Nuevo Testamento griego de Erasmo, publicado como Novum Instrumentum (1516) y Novum Testamentum (1518), llevó a un estudio intenso de la Escritura. Sin embargo, a pesar de sus contribuciones, ninguno de los humanistas llegaron a ser expositores fieles. En lugar de eso, mas bien proveyeron un fundamento para el reavivamiento de la predicación expositiva durante la Reforma.

EL PERIODO DE LA REFORMA 1500 – 1648

 

La Reforma se edificó sobre el fundamento de la centralidad de la Biblia. Principios tales como Sola Deo Gloria (“A Dios sea la gloria”) Sola Gratia (“Solo por gracia”) y especialmente Sola Scriptura (“Solo las Escrituras”) vinieron como resultado del estudio y la enseñanza de la Palabra. Sola Scriptura significaba “la libertad de la Escritura para gobernar como palabra de Dios en la iglesia, desentendida tanto del magisterio como de la tradición papal y eclesiástica. Percibía la palabra como suprema a la tradición y a los sacramentos. Algunos de los líderes de la Reforma son dignos de ser mencionados.

Martín Lutero (1483 – 1546) habló de la suprema importancia de la Palabra cuando escribió: “La palabra viene primero, y con la Palabra el Espíritu sopla sobre mi corazón para que yo crea”. Además señaló:

Veamos como cierto y establecido, sin lugar a dudas, que el alma no puede  sobrevivir sin la Palabra de Dios, y que donde ella no esté no hay ayuda para el alma en ningún otro aspecto. Pero si tiene la palabra en abundancia no le hace falta nada, ya que esta Palabra es la Palabra de vida, de verdad, de luz, de paz, de justicia, de salvación, de gozo, de libertad, de sabiduría, de poder, de gracia, de gloria y de cada bendición mas allá de nuestro poder para estimarla.

 

Lutero se convirtió en creyente gracias a sus esfuerzos por aprender y exponer las Escrituras. Sus palabras fueron: “Anhelaba grandemente comprender la Epístola de Pablo a los Romanos y nada me lo impidió excepto la expresión “la justicia de Dios”. Luego de su conversión añadió: El todo de la Escritura adquirió un nuevo significado, y aunque antes “La Justicia de Dios”  me había llenado  con odio, ahora llegó a ser inexpresablemente dulce con gran amor”.

Lutero probó ser un expositor al producir comentarios acerca de Génesis, Salmos, Romanos, Gálatas, Hebreos,2ª Pedro y Judas, así como de los evangelios y las Epístolas. Enfatizó la importancia de predicarle a los sencillos, no a los educados, la importancia de la humildad en el estudio de la Biblia, y que la predicación debe ser sencilla, no erudita.

El también habló acerca de cómo predicar en tres breves pasos: “Primero, debe aprender a subir al púlpito. Segundo, debe saber que debe estar allí por un tiempo. Tercero, debe aprender a bajarse de nuevo. En su famosa réplica ante la Dieta de Worms, dijo: “Mi conciencia está cautiva a la Palabra de Dios”.Luego dijo: “Yo sencillamente enseñé, prediqué y escribí la Palabra de Dios: aparte de eso no hice nada mas (…) La palabra lo hizo todo”.

Ulrico Zwinglio (1484 – 1531) también estudió la Biblia cuidadosamente en sus idiomas originales y aplicó al texto sus “sustanciales habilidades lingüísticas y exegéticas”. Procuró predicar:

Lecciones bíblicas y didácticas, dirigiéndose a temas mas difíciles sólo después que sus oyentes(…) habrían obtenido instrucción adecuada. Su principal objetivo al predicar era repetir la Palabra de Dios sin abreviación alguna y sin adulterarla, estableciendo claramente la Ley y los profetas, llamando de forma ferviente a sus oyentes al arrepentimiento y, con la gentileza de un pastor, guiar a la comunidad a la salvación. Las acciones del predicador deben corresponder con sus palabras, y debe estar preparado, de ser necesario, a aceptar la suerte de un mártir.

 

El anabaptista Baltasar Hubmaier (1485 – 1528), quien fuera influido por Zwinglio, produjo, a pesar de mucha persecución, escritos llenos con la exposición de la Escritura.

El expositor mas significativo de la era de la reforma fue Juan Calvino (1509 – 1564). En la primera edición de sus Instituciones (1536). Calvino escribió, acerca de los ministros “Toda su tarea está limitada al ministerio de la Palabra de Dios, toda su sabiduría al conocimiento de su Palabra, toda su elocuencia, a su proclamación”. Luego, veintitrés años después 1559, añadió estos otros relevantes comentarios: “Siempre que veamos la Palabra de Dios predicada y escuchada de forma pura (…) no debe dudarse, existe una iglesia de Dios. Calvino también enfatizó: “

El ministerio de la Palabra  y los sacramentos, y  cuán lejos debe ir nuestra reverencia por ellos, deben ser una señal perpetua mediante la cual se pueda distinguir la iglesia.

En el prefacio a su Comentario a los Romanos, Calvino declaró que “esa lúcida brevedad constituía la virtud particular de un intérprete. Parker resume el método de Calvino de la siguiente manera: “Lo importante es que la Escritura debe ser entendida y explicada, como se explique es secundario”. Calvino estaba sumamente preocupado con la claridad y la brevedad al declarar: “La principal virtud del intérprete yace en una brevedad clara”. Describió el deber supremo del expositor: “Ya que su única tarea casi es desenvolver la mente del escrito a quien procura exponer, él yerra, o al menos se extravía, siempre y cuando aparte a sus lectores del significado de su autor”. Delinea la tarea del predicador de hablar por Dios en su comentario acerca de Isaías 55:11: “La Palabra sale de la boca de Dios de forma similar a la que “sale de la boca” del hombre; porque Dios no habla abiertamente desde el cielo, sino que emplea a los hombres como instrumentos suyos, para hacer conocer su voluntad mediante ellos. La evidencia de su sinceridad fue una vida entera exponiendo la Palabra de Dios. Como principal ministro de Ginebra, Calvino predicó dos veces cada domingo y cada día de la semana, alternando las semanas desde 1549 hasta su muerte en el 1564, predicó mas de 2,000 sermones del Antiguo Testamento. Se pasó un año exponiendo a Job y tres en Isaías. Además de su predicación estaban sus conferencias acerca de la Biblia que llevaron  a sus comentarios bíblicos. Calvino dijo: No nos metamos en la cabeza buscar a Dios en ningún otro sitio que en su Sagrada Palabra, o pensar cosa alguna acerca de El que no este motivada en su Palabra, o decir nada que no sea tomado de esa Palabra.

Calvino influyó a muchos de sus contemporáneos, incluyendo a Enrique Bullinger (1504 – 1575) y Juan Knox (1513 – 1572). Knox argumentaba que fue llamado a “instruir… mediante la lengua y una voz vital  en estos días tan corruptos (en lugar) de componer libros para la edad por venir”. Varios predicadores anglicanos, incluyendo a Juan Jewell (1522 – 1571). Hugh Latimer (1485 – 1555), y Thomas Cartwright (1535 – 1603), también practicaron la predicación expositiva.

EL PERIODO MODERNO, 1649 HASTA HOY

 

La era posterior a la Reforma produjo varios expositores importantes incluyendo a algunos puritanos. Estos últimos, eran predicadores mas que nada. La predicación era tan central que muchos de los puritanos la enfatizaron colocando sus púlpitos, con su Biblia abierta, en el centro del local para que fuera el foco de la iglesia en su lugar del altar. Para los puritanos, “la verdadera predicación es la exposición de la Palabra de Dios”. No es una mera exposición del dogma o la enseñanza de la iglesia (…) La predicación, decían, es la exposición de la Palabra de Dios; y, por lo tanto, debe controlarlo todo”. Lloyd-Jones también sugiere que los puritanos percibieron la predicación como la marca distintiva del verdadero cristianismo al compararla con la religión. Mientras la religión (Islam, etc.) enfatiza lo que el hombre hace en su intento de agradar y aplacar a su Dios, el cristianismo es primordialmente un escuchar a Dios; el cristianismo es Dios buscando al hombre, manifestándose, acercándosele. Esto, creo yo está en el origen de la idea puritana de colocar la exposición de la Palabra en el lugar céntrico de la predicación”.

Willian Perkins (1558 – 1602), un antiguo expositor puritano, tuvo una profunda influencia sobre todo en el movimiento puritano. Percibía la predicación de la Palabra como la presentación del testimonio de Dios mismo, idea desarrollada en The Art of Prophesying (El arte de profetizar),  el primer manual de su clase para predicadores en la Iglesia Anglicana. Perkins identificó cuatro principios para guiar al predicador:

  1. Leer en forma clara el texto de las Escrituras canónicas.
  2. Ofrecer el sentido y la  comprensión del mismo, interpretándolo mediante las Escrituras mismas.
  3. Recoger unos pocos y provechosos puntos de doctrina del sentido natural.
  4. Aplicar las doctrinas, recogidas apropiadamente, a la vida y las costumbres de los hombres en forma simple y sencilla.

Perkins también enseñó que el conocimiento para exponer la Escritura sólo pertenece a Cristo. El hombre recibe la capacidad para interpretar un pasaje de la Escritura por otro, pero sólo como un regalo de Cristo.

Muchos siguieron esta humilde pero noble tradición. Ocasionalmente predicaron por varias horas a la vez, creyendo que “ninguna verdad bíblica puede presentarse en menos de una o dos horas”. Acerca de los puritanos, Webber observa:

Algunos de los predicadores de aquellos días derivaron sus divisiones y subdivisiones del texto, pero estas con mayor frecuencia se basaban parcialmente en los pensamientos del texto y, en parte, en ideas sugeridas por la naturaleza general del tema. Esta pasión por el análisis  minucioso frecuentemente se dio mediante el sacrificio de la claridad y el estilo literario.

Empero, los puritanos en su totalidad estaban dominados por un sentido de la presencia de Dios. Procuraron ser fieles a la Palabra y a su predicación sencilla y práctica. Algunos de los principales predicadores puritanos que demostraron gran habilidad como expositores fueron José Hall (1574 – 1656), Tomás Goodwin (1600 – 1680), Ricardo Baxter (1615 – 1691),  y Juan Owen (1616 – 1683), Hablando Goodwin, Brown comenta:

Al compararlo con eminentes contemporáneos como Juan Owen y Ricardo Baxter, se ha dicho que Owen predicó fervorosamente al entendimiento, razonando en base a su crítico y devoto conocimiento de la Escritura; Baxter predicó enérgicamente a la conciencia, razonando en base a la competencia de las cosas; mientras que Goodwin apeló a los efectos espirituales, razonando en base a su propia experiencia religiosa e interpretando la Escritura mediante el conocimiento de un corazón renovado.

La diversidad de estilo entre los puritanos es sorprendente en vista del patrón de consagración a una explicación fiel del texto que todos tenían en común. Cada uno tenía su énfasis propio, como se muestra en la famosa frase de Baxter, que dijo: “Yo predico como si jamás fuera a predicar de nuevo, como un hombre moribundo para hombres moribundos”.

Otros expositores puritanos importantes, fueron Tomás Manton (1620 – 1677), Juan Bunyan (1628 – 1688) y Esteban Charnock (1628 – 1680). Además Guillermo Creenhill (1581 – 1677), un expositor puritano, predicó una gran serie de conferencias acerca de Ezequiel. Todos estos hombres fueron estudiantes diligentes de la Palabra. Buscando explicar claramente las verdades de la Escritura a otros.

Una vez que la era puritana cedió su lugar al reavivamiento evangélico, la predicación, generalmente temática como la de Wesley y Whitefield, reemplazó a la expositiva. Sin embargo, varios de los inconformes durante este período fueron expositores bíblicos. Los mas notables fueron Juan Gill (1697 – 1771) que publicó nueve volúmenes de exposición bíblica entre 1746 y 1763, y Mateo Henry (1662 – 1714). Ambos fueron muy influidos por los puritanos. En los siguientes cincuenta años otras notables excepciones a los predicadores temáticos fueron Andrés Fuller (1754 – 1815), Roberto Hall (1764 –1831), Juan Brown (1748 – 1858), Juan Eadie (1810 – 1876) y Alejandro Carson (1776 – 1844). Eadie es bien conocido por sus comentarios surgidos de su sorprendente ministerio homilético. Se le consideró con frecuencia como un maestro de la predicación expositiva al mismo nivel que Alejandro Maclaren.

La última parte del siglo diecinueve produjo varios expositores bíblicos importantes en Gran Bretaña y EE.UU., incluyendo a Santiago H. Thornwell (1812 – 1862), y Juan A. Broadus (1827 – 1895). Broadus ha sido denominado como “El príncipe de los expositores. El describió sus principios de predicación expositiva en On the Preparation and Delivery of Sermons (Sobre la preparación y presentación de sermones) en 1870. Las subsecuentes revisiones de este libro han reducido su valor y empuje original. El punto de vista de Broadus acerca de la predicación era predicar “las doctrinas definitivas de la Biblia, y … (una) abundante exposición del texto bíblico.

Otros en este período fueron Juan C. Ryle (1816 – 1900), Carlos J. Vaughan (1816 – 1897), Alejandro Maclaren (1826 – 1910),. José Parker (1830 – 1902), y Carlos Haddon Spurgeon (1834 – 1892). El período termina con la fundación de Expository Times en 1889 por Santiago Hastings. Este fue el editor de varios diccionarios, enciclopedias, y comentarios que, juntamente con Times, promovieron la predicación expositiva. Guillermo Robertson Nicoll (1851 – 1923) fue un expositor bíblico y también editó una revista titulada The Expositor. Esta se publicó desde 1886 hasta 1923, también promovió la exposición de la Escritura.

Varios expositores de este período son notables, Alejandro Maclaren alcanzó fama internacional como expositor, Luego de 1869 predicó a mas de 2,000 personas semanalmente en Manchester. Aunque comenzó en oscuridad, predicó por 63 años. Leyó un capítulo de la Biblia hebrea y uno de la griega todos los días de su vida. En 1896 escribió estas palabras:

Creo que el secreto del éxito para todos nuestros ministerios yace en gran medida en el simple encanto de concentrar su poder intelectual en la obra única de la predicación. He tratado de hacer que mi ministerio sea uno de exposición de la Escritura, Se que he fallado en muchos aspectos, pero diré que he laborado desde el principio hasta el fin para que esa sea la característica de mi labor pública. He tratado de predicar a Jesucristo y no sólo al Jesucristo de los Evangelios, sino el Cristo de los evangelios y las epístolas: El es el mismo Cristo.

Los 32 volúmenes de sermones de Maclaren, así como sus contribuciones a The Expositor’s Bible (La Biblia de los expositores), son muy respetados hasta hoy.

Carlos Addon Spurgeon es muy respetado como predicador y expositor. El predicó mas de 3,560 sermones, que comprenden los sesenta y tres volúmenes de metropolitan Tabernacle Pulpit (El púlpito del Tabernáculo Metropolitano), publicado entre 1855 y 1917. A pesar de que insiste en ser un fiel expositor del texto, su exégesis a veces es difícil. Webber hace la siguiente comparación:

En su predicación, el difería del F. W. Robertson. Este realizó un minucioso estudio de su texto, investigándolo, y sacando del mismo las verdades contenidas en él. Spurgeon invirtió este proceso, Seleccionaba su texto, y entonces procuraba agrupar alrededor las verdades bíblicas que estuvieran íntimamente relacionadas con él… (enfatizando ocasionalmente enseñanzas) aunque su texto no las mencionara.

Spurgeon percibió a Whitefield como un héroe y un modelo de predicación, aunque éste último era mas temático y teológico que expositivo. La verdadera obra expositiva de Spurgeon fue su Treasuy of David, en la cual prevé una cuidadosa exposición versículo por versículo junto con “pistas para los predicadores”.

El siglo veinte ha producido unos cuantos expositores bíblicos, de los cuales algunos han sido excelentes: Harry Allam Ironside (1876 – 1951), Donal Grey Barnhouse (1895 – 1960), James M. Gray (1881 – 1935), William Bell Riley (1861 – 1947), Wallie Amos Criswell (1909), James Denny (1856 – 1917), George Campbell Morgan (1863 – 1945), William Graham Scrogie (1877 – 1958), D. Martyn Lloyd-Jones (1899 – 1981), John Robert Walmsley Stott (1921 – ) y James Montgomery Boice 1938 -).

G. Campbell Morgan fue un poderoso expositor de la Palabra cuyas obras abundan en explicaciones e ilustraciones textuales. Morgan leía y estudiaba toda la Biblia y su exposición se basaba en una exégesis cuidadosa, percibida a la luz de toda la Biblia. Morgan expresó este pensamiento:

Se da por sentado que los predicadores han de predicar la Palabra Usted dice que eso significa la Biblia, Es así? Si. Eso es todo? NO. Si, todo está allí. Pero usted desea mas que eso, mas que todo, La palabra es verdad expresada o revelada, La Palabra no es algo que yo he hallado mediante la actividad de mi vida intelectual, La palabra es algo que mi vida intelectual acoge, porque ha sido expresado (…)Y eso es lo que debemos predicar. La revelación de Dios, la verdad, tal y como ha sido expresada. Debemos entrar al ministerio cristiano bajo la presuposición de que Dios se ha expresado a Sí mismo en Su Hijo, y que la Biblia es la literatura de esa expresión  propia. El minuto en que perdamos nuestra Biblia en ese sentido, habremos perdido a Cristo como la revelación final (…) Cada sermón que no tenga alguna interpretación de esa santa verdad es un fracaso (…) La predicación no es la proclamación de una teoría, o la discusión de una duda (…) La especulación no es predicación. Tampoco es la declaración de negaciones. La predicación es la proclamación de la Palabra, la verdad tal y como ha sido revelada.

Morgan creía que la Biblia era absolutamente cierta y se pasó la vida en la cuidadosa exposición, como lo muestran sus numerosas exposiciones.

D. Martyn Lloyd-Jones era un dotado expositor que percibía la predicación no como “la exposición de un sermón para cada servicio, sino simplemente (como) la continuación de la exposición que estaba llevando a cabo en un libro de la Biblia”. Su predicación procedía de una exégesis cuidadosa y se caracterizaba por el establecimiento metódico del significado y la aplicación de sus textos. Esto continuó la abundante tradición de José Parker y Alejandro Maclaren. Loyd-Jones produjo una obra significativa acerca de la predicación expositiva en la cual escribió lo siguiente en el capítulo intitulado “La primacía de la predicación”:

Para mi, la obra de la predicación es la mayor y la mas grande y el mas glorioso, llamado al cual alguien jamás pueda ser convocado. Si usted desea algo además de eso yo diría sin vacilación alguna que la necesidad mas urgente en la iglesia cristiana de hoy día es la verdadera predicación, obviamente también es la mas grande necesidad del mundo.

Lloyd-Jones no conocía ningún sustituto para la tarea de exponer la Palabra en la iglesia. El identificó tres clases de predicación (evangelística, la enseñanza instruccional y la puramente instruccional), pero sostenía que toda predicación debía ser expositiva, tanto en su preparación como en su presentación al pueblo. Su principal prioridad a través de toda su existencia fue la exposición bíblica, un hecho que resulta evidente para cualquiera que investigue su vida.

En una investigación de esta naturaleza se necesita tener mucha precaución cuando uno llega al punto de comentar acerca de los expositores contemporáneos. El libro de la historia acerca de ellos no puede cerrarse porque todavía tienen que cumplir mas de su ministerio. Una investigación histórica no estaría completa sin una palabra tentativa en cuanto a la aparente contribución de varios predicadores representativos del presente de la predicación expositiva, con el debido reconocimiento de que todavía podría suceder mucho antes de que se cierre el “libro de la historia” acerca de sus ministerios.

John R. W. Stott, que es uno de esos ejemplos ha seguido la misma tradición expositiva que Lloyd-Jones. En cuanto a la predicación, el dijo:

La verdadera predicación cristiana (con lo cual quiero decir predicación “bíblica” o “expositiva”, como sostendré mas adelante) es extremadamente rara en la iglesia de hoy. Jóvenes atentos la están pidiendo en muchos países, pero no pueden hallarla. Por que? La principal razón debe ser la falta de convicción en cuanto a su importancia.

Stott se ocupó de la importancia de la predicación expositiva de la siguiente manera:

No puedo ceder a relegar (algunas veces hasta rencorosamente) la predicación expositiva a una alternativa entre tantas. Sostengo que toda verdadera predicación cristiana es predicación expositiva. Por supuesto, si por sermón “expositivo” se quiere decir una exposición versículo por  versículo de un extenso pasaje de la Escritura, entonces, en realidad, solo es una posible forma de predicar, pero esto sería abusar de la palabra. Propiamente hablando, “exposición” tiene un significado mucho mas amplio, Se refiere al contenido del sermón ( verdad bíblica) en lugar de a su estilo (un comentario corriente). Exponer la Escritura es sacar del texto lo que allí se encuentra y exponerlo a la vista. El expositor abre lo que parece estar cerrado, aclara lo oscuro, desenreda lo enredado y desenvuelve lo que está empacado. Lo opuesto a la exposición es la (imposición, lo cual es imponer sobre el texto lo que no se encuentra allí. Pero el “texto en cuestión podría ser un versículo, o una oración, o hasta una sola palabra. Podría ser un versículo, o un párrafo, o un capítulo, o todo un libro. El tamaño del texto es irrelevante, siempre y cuando sea bíblico. Lo que importa es que hacemos con él.

Stott le ofrece al estudiante contemporáneo de la predicación expositiva un persuasivo argumento en cuanto a la naturaleza y el contenido de la verdadera predicación bíblica. El es digno de cuidadosa atención.

Otro ejemplo actual de los expositores bíblicos es John MacArthur. Para algunos él ha surgido como un notable expositor estadounidense al final del siglo veinte, continuando en el legado de Lloyd-Jones. Actualmente está publicando un comentario de exposiciones acerca de todo el Nuevo Testamento. Ha descrito su comentario de la siguiente forma:

Mi meta siempre es tener una profunda comunión el Señor en el entendimiento de su Palabra, y de esa experiencia explicarle a su pueblo lo que significa un pasaje(…) Por lo tanto, el impulso dominante de mi ministerio es ayudar a avivar la Palabra viviente de Dios para Su pueblo, Es una aventura refrescante. Esta serie de comentarios del Nuevo Testamento refleja el objetivo de explicar y aplicar la Escritura. Algunos comentarios son primordialmente lingüísticos, otros son mayormente teológicos, y algunos son principalmente homiléticos. Este es básicamente descriptivo o expositivo. No parece necesario ofrecer una interpretación adecuada. No es exhaustivamente teológico, pero se concentra en las principales doctrinas en cada texto y en cómo se relacionan con el resto de la Escritura, No es primordialmente homilético, aunque cada unidad de pensamiento es tratada en general como un capítulo, con un bosquejo claro y un flujo lógico de pensamiento,

MacArthur percibe la predicación expositiva como algo relacionado primordialmente con el contenido de la Biblia. Y señala:

La Biblia es la Palabra de Dios. Emana de la santidad de Dios. Refleja la mente, el corazón y la voluntad de Dios y, como tal, debe ser tratada con una tremenda dedicación. La Biblia no debe ser tratada de forma frívola, no debemos acercarnos a ella con falta de diligencia, no debemos manejarla de forma superficial, debe ser manejada con tremendo compromiso.

Este énfasis  sobre la precisión del manejo de las Escrituras ha caracterizado el ministerio de MacArthur.

Otros predicadores contemporáneos podrían ser identificados por nombre como expositores, pero en esta investigación se han mencionado suficientes características acerca de la exposición bíblica que se elaboran en otras partes de El redescubrimiento de la predicación expositiva como para facilitar el reconocimiento de quiénes  son. Se espera que el número de tales individuos aumentará drásticamente.

UNA CONCLUSION INEVITABLE

Un estudio de la historia de la predicación expositiva aclara que la misma está profundamente enraizada en el suelo de la Escritura. Por lo tanto, es la única clase de predicación que perpetúa la exposición bíblica en la iglesia. A través de la historia, unos pocos hombres reconocidos en cada generación, que a su vez representan un cuerpo mas extenso de expositores fieles, se han comprometido a este ministerio de la exposición bíblica.

Sus voces del pasado deben animar al expositor contemporáneo y retarlo a alinear su predicación con el patrón bíblico. La Escritura demanda nada menos que una exposición capacitada por Dios como lo demuestran esos dignos santos que han dedicado sus vidas a esta noble tarea.

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LA PRIORIDAD DE LA ORACION Y

LA PREDICACION EXPOSITIVA

James E. Rosscup

La oración no es electiva, sino que es el elemento principal en el caleidoscopio de las características espirituales que destacan al predicador. Estas características se unen en una fuerza espiritual poderosa;  ellas edifican un vocero para Dios. Jesús, el mejor modelo, y otros voceros efectivos de Dios han sido poderosos en la oración juntamente con las virtudes de la santidad y la dependencia de Dios. El compuestos de cualidades espirituales que se enfoca en la oración es evidente en la extensa línea de proclamadores de Dios en el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento y en la historia de la iglesia, hasta el día de hoy. Algunos libros acerca de los elementos esenciales para la predicación menosprecian la oración, pero otros reconocen su función invalorable. Los predicadores que siguen el modelo bíblico toman la oración muy seriamente. Ellos se saturan de oración al preparar el sermón.

El predicador que sigue el camino bíblico encuentra que la oración es un arma fenomenal. Ella, unida en armonía con otras prioridades espirituales, es evidente en la predicación bíblica a través de la historia como cualidad esencial para el proclamador mediante el cual presente Su poder.

LA NECESIDAD DE LA ORACION PARA LA ESPIRITUALIDAD.

Si el predicador ha de presentar el mensaje de Dios con poder, la oración debe permear su vida y proveer un medio ambiente para el fruto del Espíritu que dure a través de toda su existencia (Gl.5.22,23). Su ejemplo espiritual hace que estos tomen su mensaje con seriedad. Como seguidos de Dios, su credibilidad espiritual atrae poderosamente a otros a seguirle, debido a que es un pionero, él practica una devoción total a Dios. El le da humildemente toda la gloria a Dios y se somete a Su Palabra. Demuestra honestidad y disciplina, la lengua, el tiempo, la mente y el cuerpo, juntamente con un ferviente ingenio. Dios utiliza su liderazgo para marcar el camino a medida que llama a otros a la obediencia. Todas las cualidades espirituales, particularmente la santidad y la dependencia en Dios, son ingredientes básicos en la experiencia de un predicador que ora.

Santidad.

Un noble hombre de Dios, un hombre de oración, es apasionado en búsqueda de Dios y Sus valores (Sal. 42.1,2) persigue a Dios en una vida moldeada por la santidad que recomienda a otros, Es profundamente serio en cuanto al principio divino de seguir la justicia y desea que Dios le muestre Su salvación (Sal.50.23). La luz divina resplandece de manera mas brillante en él, obligando a sus oyentes a buscar las bellezas de Dios.

El mayor ejemplo del predicador es Jesús. Desde la niñez, el corazón del Salvador, estaba ocupado en “las cosas de Mi Padre” (Lc.2.49 traducción del autor.). Su pasión, al entrar en el ministerio público, era “cumplir toda justicia” (Mt. 3.15). Experimentó pruebas severas y tomó decisiones consagradas basadas en la Palabra de Dios (Mt. 4.1-11), al consagrarse a Dios con valentía, en contra del diablo, cuando se acercaba el final de su vida la celebró como algo que fue consagrado: “Yo te he glorificado en la tierra, he acabado la obra que me diste que hiciese”, (Jn. 17.4).

Pablo es otro ejemplo. Pablo había sido “crucificado con Cristo”. (Gl. 2.20) En vista de esto, vivió en una consagración que reflejó de forma coherente su muerte con Cristo, El secreto de su poder no era él mismo sino “Cristo que vive en mi”. Pablo fue un ejemplo de Cristo en valores y servicio santo (1ª Co. 4.8ss.; 2ª Co.6.3-10).

Phillips Brooks es un ejemplo moderno, Phillips Brooks (1835 – 1893) tenía poder al declarar la Palabra de Dios en la Iglesia de la Santa Trinidad en Filadelfia, y en la iglesia Trinidad, en Boston. La piedad era de importancia suprema en la preparación del sermón.

Solo el fuego enciende al fuego, Conocer en carne viva lo que es vivir por Cristo; ser Suyo, no de uno; estar tan ocupado con gratitud por lo que hizo por nosotros y por lo que continuamente representa para nosotros para que Su voluntad y Su gloria sean los únicos deseos de nuestra vida (…) esa es la primera necesidad del predicador.

La santidad no esta sola, Incluye la dependencia, su compañera inseparable.

Dependencia en el poder de Dios

Jesús cubrió su territorio como una llama, predicando la Palabra de Dios en el poder del Espíritu (Lc. 4.14). El dijo: “EL ESPIRITU DEL SEÑOR ESTA SOBRE MI, POR CUANTO ME HA UNGIDO PARA DAR BUENAS NUEVAS” (Lc. 4.18). Mediante la capacitación del Espíritu, proclamó libertad a los cautivos y vista a los ciegos. Reconoció que “El Padre que mora en mi (…) hace las obras” (Jn.14.10).  Si Jesús, el hombre, dependió del poder divino, cuanto mas necesitan otros predicadores hacer lo mismo!.

Pablo dependió del Espíritu (Ro. 15.19). Por lo tanto aconsejó a otros creyentes (Gl. 5. 16 – 18)). A los corintios les habló “con demostración del Espíritu y de poder” (1ª Co.2.1-5). Dios fue su suficiencia (2ª Co.3.5, 6; 4.7) Al predicar asimiló totalmente en su vida el principio de Cristo, “porque separados de mi, nada podéis hacer” (Jn.15.5).

La oración, con su compuesto de virtudes espirituales, es indispensable en la predicación bíblica. Ella satura al predicador y a la predicación consagrada, cumple la dependencia del predicador en Dios, y es auténticamente bíblica.

LA NECESIDAD DE LA ORACION EN LOS SERMONES DE LA BIBLIA

En los ministerios durante los tiempos bíblicos, la oración siempre jugó una función importante. Desde esos días, la oración ha permanecido como suprema prioridad para los predicadores.

Libros que menosprecian la importancia de la oración

Es desconcertante que libros acerca de lo esencial para la preparación del sermón frecuentemente no discuten la oración. Esto se hace mas confuso cuando estos autores afirman enseñar el patrón bíblico. La oración no es prominente entre lo que consideran como esencial cuando discuten lo que creen importante, como si la oración no tuviera una parte vital en ello. Descuidar la oración la relega a una función menor. Un sentido de imparcialidad le concedería a estos escritores el beneficio de la duda y se preguntaría si ellos procuraban dar tal impresión. Empero cuando se dice poco o nada acerca de la oración u se exalta la labor y la capacidad humana solo es posible concluir una cosa. Algunos libros requieren una extensa búsqueda para siquiera encontrar una breve idea de la importancia de la oración privada. El lector no lo ve en los títulos de los capítulos, ni en los subtítulos, ni en los índices temáticos. En lugar de ello, podría aparecer al final o en una breve discusión como reflexión posterior. Felizmente algunos autores que a veces escriben poco acerca de la oración, le conceden un lugar  crucial en otros libros. Cómo es que un escritor le puede conceder a la oración tan poca atención si la Escritura la considera como algo que tiene urgentes consecuencias en la preparación para predicar?

Libros que enfatizan la importancia de la oración

Otros libros acerca de la predicación, o biografías de predicadores, le asignan mucho espacio a la oración. Hacen referencia a ella con frecuencia, o le dan preponderancia, o declaran fuertes convicciones acerca de cuan crucial es al preparar mensajes. Algunos libros están totalmente dedicados al significado de la oración en la predicación.

La verdad es que muchas cosas son importantes para la predicación. Ningún heraldo consciente de Dios elegirá voluntariamente ignorar ninguna de ellas, Trabajará arduamente en la exégesis del texto, utilizará fuentes confiables, estimulará su mente mediante mucha lectura, se esforzará en ser preciso, para obtener un bosquejo claro. Buscará analogías vividas, memorizará;a Escritura, nutrirá una meta evangelística y edificante, y siempre andará mirando a Dios. Podrá escribir su mensaje en su totalidad o lo predicará en base a notas. Integrará detalles y formará transiciones claras. Conocerá al pueblo al cual le habla. Le prestará atención a la sinceridad, el entusiasmo, los toques artísticos, el poder, la gracia y el buen humor. Se ocupará de la enunciación, los gestos, el valor, la postura, la duración del mensaje, el contacto visual, y otros asuntos; además se cuidará de declaraciones hirientes.

El énfasis en la oración no debe hacer que se menosprecie ninguno de estos aspectos, pero estos no deben eliminar la atención sobre la necesidad de ella, Desafortunadamente, los predicadores pierden el equilibrio de varias maneras:

  1. Enfatizan sólo la oración y esquivan remolonamente la responsabilidad de ser obreros de Dios mediante el estudio fiel.
  2. Enfatizan los aspectos humanos de la preparación del sermón y no tienen una determinante dependencia de Dios en la oración. Dios puede bendecir, a pesar de esto, pero el predicador sólo sirve un producto de la labor humana. La fina técnica de este sermón es impresionante, pero le falta el poder vital.
  3. Enfatizan la sagacidad homilética, pero solo ofrecen una exposición trivial a la Palabra de Dios al descuidar la diligente labor en el estudio y la oración. No tienen mucho con que alimentar a los hambrientos y reflejan poca dependencia de Dios.

Pero hay buenas noticias! Los predicadores pueden tener equilibrio. Pueden enfatizar la elección de un texto y la diligencia en el estudio de un pasaje y los libros que clarifican su significado, bajo oración. Ellos buscan, de forma diligente, ilustraciones apropiadas, trabajan fervientemente para organizar bien su material y construyen buenos puentes. Oran todo el tiempo. Entonces presentan sus mensajes, fortificados por una vida consagrada y un espíritu que descansa en Dios. Esto es lo preferible, La oración es una potencia, pero no se menosprecian los otros aspectos esenciales.

La proclamación en tiempos del Antiguo Testamento

Que papel ha jugado la oración durante los tiempos bíblicos y desde ese entonces? Una evaluación de la predicación de hombres que tuvieron un gran impacto para Dios, bajo oración, sería muy informativa.

Moisés. Este legislador tuvo un ministerio similar al predicador de hoy. Habló la Palabra de Dios y fue relevante para las necesidades de su tiempo. La oración tuvo una función importante es su ministerio.

Un ejemplo fue cuando Moisés le rogó a Dios que exonerara a Israel luego de la adoración idólatra del becerro de oro, intercedió ante Dios para que retuviera Su propósito de redimir a Israel de Egipto. Segundo, tenía mucho celo para que Dios preservara Su reputación de deshonra alguna ante los impíos. También le imploró que proveyera algún recordatorio de Su promesa del pacto (Ex. 32. 11-13). Le pidió que perdonara a Su pueblo (Ex. 32.33)

Samuel. Para animar a su pueblo, Samuel, que era sacerdote y profeta, utilizó la lealtad de Dios a la meta de Su pacto para el bien de Israel (1ª S. 12.22). percibió la fidelidad de Dios como algo coherente con Su reputación. Porque si Dios renegaba Su promesa esto lo haría infiel a Su Palabra y su carácter, sacrificando Su honor. Samuel conocía el propósito del pacto de Dios de poseer a Israel, y sometió su voluntad al propósito de El. Caminando al paso con Dios, le dijo a sus oyentes: “Así que, lejos sea de mi que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros (1ª S. 12.23).

Es evidente el vínculo entre predicarle la Palabra de Dios a ellos y orar por ellos, La oración armoniza con la voluntad de Dios, En lugar de pecar por cesar de orar, el predicador Samuel tomó el camino que honra a Dios: “Antes os instruiré en el camino bueno y recto” (1ª S. 12.23). El estableció un ejemplo para cada predicador en su percepción de la voluntad que articulaba la Palabra de Dios, su oración por el pueblo para que se relacionaran con esa voluntad, y su proclamación de esa voluntad. Todos estos elementos eran cruciales, incluyendo a la oración.

Daniel. Este fue el canal humano que utilizó Dios para registrar Su plan profético para los siglos venideros. La preparación de Daniel para esta tarea se centraba en la oración. Fue primordial para recibir la información de Dios acerca del sueño de Nabucodonosor. También procuró la interpretación mediante la oración (Dn.2). Luego, meditó en Jeremías 25 y 29 en cuanto a los setenta años que Dios había establecido para que Israel estuviera en el exilio babilónico (Dn.9), e hizo tres peticiones por su pueblo: la restauración de Jerusalén (Dn 9.16), la reedificación del templo (Dn.9.17), y el regreso del pueblo (Dn. 9.18,19). La respuesta de Dios fue Su plan para conceder los tres a Su tiempo (Dn. 9 24 – 27). En Daniel 10, este se humilló por tres semanas de ayuno y oración (Dn. 10.2-3). Oró (Dn. 10.12) y recibió la Palabra de Dios en cuanto a los acontecimientos en Persia, en Grecia, y en otros imperios posteriores (Dn. 10 – 12).

La proclamación en tiempos neotestamentarios

Jesús. El Salvador utilizó la oración a fin de prepararse para el ministerio. Lucas se refiere a Su oración con mas frecuencia que los demás escritores evangélicos. Esto concuerda con el énfasis de Lucas en la humanidad de Jesús. El es rey (Mt.), siervo (Mc. Y Dios (Jn.) pero también es un hombre y ora como tal.

La oración tenía una importancia suprema en la predicación de Jesús. El Hijo del Hombre comenzó y consumó Su ministerio terrenal en oración (Lc.3.21, 22; 24. 49 – 51). Percibió la oración como algo vital cuando el pueblo se amontonaba para escucharle predicar. A diferencia de algunos de los predicadores contemporáneos, Jesús tomó la tremenda demanda de Su tiempo como un llamado a mantener la oración como algo prioritario. El “se apartaba a lugares desiertos y oraba” (Lc. 5.16). El aislamiento en el desierto con Dios era algo esencial antes de servirle a una multitud que se había reunido a escucharle. Para los predicadores que son sensibles a los latidos de Su corazón, las rodillas dobladas son tan cruciales para el reino como los léxicos abiertos. Su vigilia ante Dios reflejó Su sistema de valores, Jesús dependía de Dios, aunque El mismo era Dios encarnado!.

Luego de esa cita en oración (Lc. 5.16), Jesús estaba listo para predicar y confundir a los expertos religiosos que le llevaban la contraria (Lc. 5.17) Uno se pregunta que oraron los labios del predicador. Oró por sabiduría para enfrentar las pruebas o quitar las vendas de las muchedumbres y que para enfrentar las pruebas o quitar las vendas de las muchedumbres y que así vieran  su desesperada necesidad espiritual (Lc. 5.15, 26)? Una cosa es cierta. Independientemente de las razones por las cuales orara, el Jesús que predicó fue el Jesús que oró.

Antes de comisionar a los doce discípulos, Jesús “fue al monte a orar” (Lc. 6.12). Mostrando Su dependencia y sumisión a Dios a Través de una vigilia nocturna en oración, luego predicó el Sermón del Monte (Lc. 6.20-49). Aun después, uno de los Doce pidió: “Señor enséñanos a orar” (Lc. 11.1). El predicador que oraba, respondiendo, les enseñó la “oración de los discípulos” (Lc. 11.2-4) y otros asuntos relacionados con la oración (Lc. 11.5-13).

La oración precedió a los anuncios de Jesús acerca de la iglesia y las llaves del reino (Mt. 16. 18-19; Lc. 9.18), acerca de Su muerte y resurrección, acerca de un hombre que perdía su alma, lo que se avergonzaban de El, y Su futura venida (Lc. 9.18, 29 – 35). También precedió a Su transfiguración (Lc. 9.18, 29-35).

Jesús exhortó a sus discípulos para que oraran a medida que los moldeaba en predicadores: “Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mt. 9:38). El seguimiento de es prioridad podría mantener a los predicadores orando por el resto de sus vidas.

Los primeros cristianos. Los primeros cristianos tenían un sentido urgente de la oración. En Hechos, ellos oraron en muchas circunstancias. Lucas continuó su énfasis en la oración en este, su segundo volumen. Las oraciones de estos primeros santos son de gran estímulo para otros que deseen agradar a Dios, En Pentecostés oraron, aguardando la llegada del Espíritu con poder (Hch. 1.14; Ef. 1.5-7; 2.33), una preparación importante para el potente mensaje de Pedro, en Hechos 2. Sus oraciones también buscaron la elección de Dios al reemplazar a Judas entre los doce (Hch. 1. 15 – 26).

La oración fue uno de los cuatro elementos esenciales cristianos (Hch. 2.42). Si era de tanta importancia en ese entonces, cuán crucial debe ser para los predicadores de hoy!. Los creyentes oraban regularmente (Hch. 3.1; 10.9), así como en cualquier momento urgente. Pedro y Juan son un ejemplo. Ellos fueron los canales de Dios para la milagrosa sanidad de un hombre inválido (Hch. 3. 7-10). Luego, oraron con otros para ser valientes al testificar (Hch. 4. 29-31), una oración que Dios respondió capacitándolos para confrontar a los enemigos. Fueron fortalecidos, unidos y abnegados. Luego, los apóstoles ofrecieron la importancia de la oración en la predicación: “Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra” (Hch. 6.4). El orden de sus palabras es interesante.  Aun si la mención de la oración en primer orden no es significativa, es cierto que ella es de tanta importancia para los predicadores como lo es la Palabra.

Pablo. Pablo oró para que Dios ayudara a los nuevos conversos a crecer (Hch. 14.23). Aparentemente percibía la oración como algo inseparable de la predicación, como lo hicieron sus antecesores (cf. Hch.6.4). Tras la oración de Hechos 14.23 y la comisión de ancianos yace el recuerdo de la preocupación de Dios por los nuevos creyentes. Su crecimiento espiritual dependía de la comisión de ancianos que los exhortaran y nutrieran de la Palabra de Dios (cf.Hch. 14.22) Hacía falta la oración para sostener este proceso.

Pablo y sus asociados oraron cuando predicaron la Palabra de Dios en Europa (Hch. 16.13). Penetraron la cortina celestial antes de penetrar la humana (Hch. 16.14). Dios utilizó la oración para prosperar su ministerio, el cual también era. Su ministerio.

La dependencia de Pablo en la oración al predicar es sinónima con su dependencia en Dios en lugar de la capacidad humana (cf. 1ª Co. 2.1-5). Empero esto no eliminaba su hábil uso de técnicas efectivas de comunicación. Pablo, así como Jesús adoptó buenos métodos, como las parábolas.  Pablo, sin embargo, dependía en última instancia del contenido “cruzcéntrico”. De la Palabra de Dios y del poder del Espíritu de Dios para su efectividad en la predicación, una dependencia que se mostraba en la oración.

La dependencia de Pablo en Dios también surge en sus apelaciones a que otros oren por él. Un ejemplo es Efesios 6.18-20. Como parte de su llamado para que los cristianos se vistan de la armadura de Dios, describe esa armadura y les pide que oren “totalmente” por él. Nótese el cuádruple uso de todos”.

  1. Toda situación. Orar “a través de (día) toda oración y petición”. Involúcrese en toda manera de oración. La palabra (proseuches) puede indicar oración en general, en todas sus expresiones, como la alabanza de agradecimiento, la confesión, la petición y la intercesión. “petición (deeseos) especifica cada ruego.
  2. Todo tiempo. “En todo tiempo implica todas las oportunidades cuando los creyentes oran, Orar “en el Espíritu” para el éxito del predicador y la Palabra predicada. Pedir en sumisión a la voluntad y sabiduría del Espíritu y dependiendo de Su poder y motivaciones ajustadas a Sus valores.
  3. Toda perseverancia. Pablo desea que ellos velen “con toda perseverancia y súplica. “Velar” (agrupneo) se refiere a permanecer despierto al realizar una tarea. La oración alerta es “con toda perseverancia” (proskarteresis). El verbo relacionado significa “sostenerse de”. Se usa la misma palabra acerca de los cristianos que se aferraban a la Palabra (Hch. 2.42). Pablo quiere personas alertas y tenaces orando por él en cada petición específica (deesis).
  4. Todo tema. Pablo desea guerreros de oración que intercedan por “todos los santos”, incluyéndose a si mismo: “y por mi” (v.19). Orar para que? Pablo menciona el “denuedo” en dos ocasiones. El desea levantar la espada del Espíritu, predicando “como debo hablar” (v.20). Hablar con denuedo concuerda con el hecho de que, de ser lleno del Espíritu (Ef.5.18), Pablo hablaría “en el poder de la fuerza” (Ef. 6.10) El denuedo es necesario si el predicador ha de triunfar sobre el temor y las fuerzas reunidas en contra de su éxito (Ef. 6.12). También se ajusta a un mensaje que provee cada bendición espiritual (Ef. 1.3) y una herencia con Dios (Ef. 1.11,14). El predicador no debe proclamar tales verdades de manera indefinida, débil o confusa.

La oración que saturaba los sermones de Pablo también se sugiere en Filipenses 4.6. “En todas incluye algo mas que sermones como objeto de oración, pero ciertamente también incluye cada aspecto de la preparación del sermón. “En toda oración utiliza una vez mas la palabra (proseuche), una palabra general para la oración. Pablo continúa, “y ruego” (deesis), que significa una petición especial (ruego) para la satisfacción de necesidades. Pablo exhorta: “Sean conocidas vuestras peticiones”. Estas peticiones (aitemata), como J.B. Lightfoot supone, son “varios objetos de denois”.

Tal oración es “con acción de gracias” Por que? La persona que ora desea mostrar gratitud por las respuestas pasadas que endulzaron su vida. Dar gracias también resulta apropiado a la generosidad de Dios al conceder Su audiencia y acción. La acción de gracias se debe al Espíritu para Su ayuda (Ro. 8:26, 27;  Ef. 6:18-20; Fil. 1:19) Estas ilustran las múltiples razones para la gratitud.

La oración ha continuado a través de los siglos de la historia de la iglesia desde la época neotestamentaria.

LA NECESIDAD DE ORACION PARA EL PODER EN LA PREDICACION ACTUAL

El llamado de trompeta de la oración como preparación para la predicación resuena en los predicadores de tiempos relativamente recientes hasta el presente. Los predicadores  oran y solicitan que otros oren por sus mensajes. El poder de Dios en la predicación es efectivo.

Poder mediante las oraciones de los predicadores.

R. Kent Hughes, actual pastor de College Church of Wheaton, Illinois, evaluó muchos libros acerca de la predicación y se desalentó mucho porque los autores decían poco o nada acerca de la oración. Esto lo llevá a comentar:

Esto, y la experiencia que Dios me ha concedido hasta ahora en la predicación y la oración, ha provocado una convicción. Si alguna vez decido escribir un libro acerca de lo esencial para la predicación, ahora se que dedicaría al menos un tercio del mismo a la preparación espiritual de asuntos tales como la oración. Esto sería el primer tercio.

E.M. Bounds (1835 –1913) sirvió como capellan durante la guerra Civil a los estados confederados. Luego pastoreó varias iglesias y llegó a ser un hombre motivado por la oración. Acostumbraba orar por las mañanas de cuatro a siete. Sus oyentes comentaban acerca de sus poderosas mañanas de cuatro a siete. Sus oyentes comentaban acerca de sus poderosas oraciones públicas y acerca de sus mensajes. Se han publicado al menos ocho de sus manuscritos acerca de la oración y una biografía. Los libros de Bounds han hecho que muchos logren mayor fervor en la oración. El escribió:

Al joven predicador se le ha enseñado que invierta toda su fuerza en la forma, sabor y belleza de su sermón como producto mecánico e intelectual. Por lo tanto hemos cultivado un vicioso gusto entre el pueblo y reclamado talento en lugar de revelación, reputación y brillantez en lugar de santidad.

Gran parte de esto es cierto, pero no es una situación exclusiva. La combinación de capacidad homilética y mucha oración es la respuesta. Bounds también  escribió: “La oración ligera aligerará la predicación. La oración fortalece la predicación [el Dios que responde a la oración realiza esto…] y hace que funcione.

David Larsen, profesor de homilética en Trinity Evangelical Divinity School (Escuela Evangélica de Divinidad Trinity), también ha enfatizado la oración.

Es extraño que haya cualquier discusión de la predicación fuera del contexto de la oración creyente. No nos hemos preparado hasta que hayamos orado (…)

No podemos representar a Dios sin antes presentarnos ante El. Por lo tanto, para mí es mas importante enseñarle a un estudiante a orar que a predicar.

Luego de un poderoso mensaje por Alexander Whyte (1836 –1921), pastor de Free Saint George West en Edimburgo, Escocia, un oyente exclamó: “Dr. Whyte, usted predicó hoy como si hubiera acabado de salir de la antesala del trono del Todopoderoso”. El predicador replicó: “en realidad, así es.”

En la ordenación de un hombre preparándose para predicar, Whyte aconsejó: “Levántate antes de lo acostumbrado para meditar y orar, Satura cada frase de la oración en el Espíritu {…} Y luego ora”.

Un biógrafo dice que a pesar de que White valoraba la adoración pública y se preparaba diligentemente para ella, la oración secreta era de mayor importancia para el. Las “características principales de su predicación” eran la disciplina, la oración,  las motivaciones internas, la humildad ante Dios y los hombres, y la pureza adquirida mediante el sufrimiento. El mismo escritor dice que la oración secreta de Whyte llevó a una oración pública que tuvo un poderoso impacto en el pueblo. Uno de los estudiante de Whyte habló de los días cuando “cada sermón en Free St. George era un volcán, y cada oración de apertura una revelación. Whyte jamás se cansó de enfatizar la necesidad de la oración y de la disciplina en la vida cristiana; la necesidad de la humildad y de renovados comienzos.

Una vigilia matutina era casi tan común como el amanecer para H.A.Ironside (1876 – 1951). Este expositor meditaba en su Biblia y oraba por una hora, y luego se dedicaba  al estudio intensivo y a mas oración. Ríos de agua viva fluían de sus momentos con Dios hacia las multitudes que le escuchaban. Insistía en que “si hemos de prevalecer sobre los hombres en público, debemos prevalecer con Dios en secreto,

Los que se encontraban en Trinity Chapel, en Brighton, Inglaterra, escucharon mensajes penetrantes de parte de Frederick W. Robertson (1816 – 1853). Algunos lo han clasificado como el mas grande predicador inglés. En los primeros años se concentró en leer acerca de David Brainerd y Henry Martyn. El bañó su vida en comunión con Dios, anhelando conformarse a la imagen de Cristo y ajustar sus valores a Sus ideales. Oraba sin cesar y cada día se ocupaba de intereses distintos: domingo, la parroquia y el derramamiento del Espíritu; lunes, devoción especial; martes, la divulgación del evangelio; miércoles, el reino de Cristo; jueves, negación propia; viernes, evaluación especial y confesión; sábado, intercesión.

Charles Finney (1792-1875), evangelístico en su enfoque, vivió como Jesús, escapándose para meterse en vigilias especiales de oración y ayuno. Vio a Dios bendecir grandemente su ministerio al hablar luego de mucha oración. Estaba convencido de la importancia de la oración.

Sin esto estará tan débil como la debilidad misma. Si pierde su espíritu de oración, no hará nada, o prácticamente nada, aunque tenga la capacidad intelectual de un ángel… El bendito Señor libera, y preserva a Su iglesia muerta de la dirección y la influencia de hombres que no conocen lo que es orar.

Finney dijo: “Yo diría que a menos que tenga el espíritu de oración no podría hacer nada. Si perdía, aun por un momento, el sentido del espíritu de gracia y oración, no podía predicar con poder y era impotente en el testimonio personal.

Un famoso predicador metodista de Inglaterra, Willian Sangster (1900–1960), sintió que la cercanía con Dios tenía una importancia suprema al preparar el mensaje, porque luego de un estudio lleno de oración,

El predicador parece desvanecerse y dejar a los oyentes cara a cara con Dios… si se nos obliga a hacer comparaciones, debemos insistir que los dones de gracia son mas importantes que los dones naturales. Es cierto que el Espíritu Santo puede obrar con poca materia prima, y si se piensa en la efectividad en lugar de la popularidad, la unción del Espíritu es el mayo don de todos.

Por mas de 46 años George W. Truett (1867-1944) pastoreó la primera Iglesia Bautista en Dallas, Texas. Luego de pasar tiempo con su familia cada noche, iba a su biblioteca a estudiar y orar desde las 7:00 p.m. hasta la medianoche. También se preparaba en otras horas. En una ocasión se encontraba en una nave sacudida por fuertes vientos y una marejada. La  tensión provocó que se le pidiera a Truet orar. Se marchó a solar con Dios en busca de un mensaje apropiado. Luego de orar, encontró el mensaje en Hebreos: “Necesitan paciencia”. Cuando anuncio su tema, las personas que se encontraban agotadas por la tormenta, sonrieron aprobando el mismo.

Truett sentía pasión por la salvación de las personas. Dijo que la persona que ha de ganar a otros para Cristo debe orar mucho por si mismo y por ellos, A tuett le llegaron peticiones de oración de todas partes del mundo, En una calle de Dallar, conoció a un anciano que era un renombrado abogado criminalista. “Dr. Truett”, dijo el hombre, estuve en su iglesia el domingo y escuche lo que dijo acerca de la oración. Supongo que no ora por un pecador como yo”. Truett replicó: “Durante años, he orado por usted, por nombre y diariamente. Para probarlo, sacó una libreta con el nombre del abogado. Los labios del abogado temblaron y sus ojos se humedecieron. “Gracias, doctor, gracias por recordar a un viejo pecador endurecido.”

Thomas Armitage pinta esta representación de la oración:

Un sermón saturado en oración en el suelo del estudio, como el vellón de lanas de Gedeón saturado con rocío, no perderá su humedad entre eso y el púlpito. El pro,er paso para hacer cualquier cosa en el púlpito como obreo dedicadp debe ser besar los pies del crucificado, como adorador, en el estudio.

Whitesell, un maestro de la predicación, se ocupa de la oración:

El predicador debe ser un hombre de oración […] Debe orar por sus mensajes […] saturarlos en oración […] orar a medida que marcha hacia el púlpito, orar a medida que predica siempre y cuando eso sea posible, y seguir sus sermones con oración.

Sinclair Ferguson, un predicador escocés, quien desde 1982 ha sido profesor de teología sistemática en el Seminario Teológico Westminster, también apoya este punto.

Para mi, es de suprema importancia realizar toda mi preparación en el contexto de un espíritu de oración […] buscando al Señor y dependiendo de la gra de Su Espíritu iluminador y vivicador. Esto se acentúa mediante jaculatorias específicas y períodos de petición tanto por la exposición como por la aplicación […]

Como lo expresó John Owen, pienso en el Espíritu moviéndose entre el pueblo, dándole a cada uno un paquete de forma, tamaño y envoltura idénticas (el sermón); pero […] el regalo que se encuentra adentro es especialmente apropiado para cada uno. Por lo tanto, oro que mi material pueda estar en armonía con Su propósito y que mi espíritu sea sensitivo a Su gracioso carácter, para que no lo distorsione en mis pa;abras o mediante mi espíritu.

Henry Holloman, un expositor en muchas conferencias de los Hermanos de Plymouth y profesor de teología sistemática en la Escuela de Teología Talbot, ha dicho:

Detrás de cada buen predicador bíblico hay mucha labor ardua en la preparación (1ª Ti. 5:17; 2ª Ti. 2:15) Sin embargo, solo la oración puede asegurar que su trabajo no sea desperidiciado y que su mensaje impacte espiritualmente a sus oyentes. A medida que el predicador bíblico teje la oración con su preparación, este debe enfocarse en ciertas peticiones: (1) que recibirá el mensaje de Dios […] en su comprensión espiritual y mental, 1ª Co. 2.9-16; (2) que el mensaje de dios agarre primero su corazón con una fuerte convicción, 1ª Tes. 1.5; (3) que exprese clara y correctamente el mensaje de Dios en el poder del Espíritu en comunicación efeciva, […] 1ª Tes. 1.5; (4) que el Espíritu utilice el mensaje para producir la respuesta y el cambio adecuados […] la transformación espiritual, 2ª Co. 3.18… y (5) que todo el proceso y el producto terminado realicen el propósito de Dios glorificándolo mediante Cristo, 1ª. Co. 10.31; 1ª P. 4.11.

Holloman aclara que “el conocimiento y la organización es lo que debemos hacer, pero la oración nos da lo que Dios sólo puede dar.

Jhon MacArthur, pastor y maestro de la GraceCommunity Church, Sun Valley, California, percibe la oración como inseparable de la preparación y la predicación.

Durante la semana[…] me encierro con mis libros […] el estudio y […] la comunión se entremezclan mientras aplico las herramientas de la exégesis y la exposición en […] comunión abierta con el Señor. Busco su dirección, le agradezco  por lo que descubro, ruego por sabiduría y conocimiento y deseo que me capacite para vivir lo que aprenda y predique.

El sábado en la noche mi corazón comienza a sentirse cargado de manera especial por la oración. Antes de dormir, me […] repaso las notas una vez mas. Eso implica una linea abierta de comunicación con Dios mientras ofrezco mis notas al Señor, de manera consciente mientras medito, para que las apruebe, las refine y las aclare.

Despierto el domingo por la mñana en el mismo espíritu de oración. Llego temparano a la iglesia y paso un tiempo […] en oración, entonces me uno a los ancianos que oran conmigo por los mensajes. El domingo por la tarde, paso un tiempo parecido para repasar en oración mi mensaje vespertino.

Juan Stott dice que un predicador, como un padre (1ª Ts. 2.11), debe orar por su familia eclesiástica. Los predicadores solo dedicarán tiempo para esta ardua y secreta labor si aman a su pueblo lo suficiente. “Debido  a que es algo secreto y que no recibe recompensa de parte de los hombres, sálo nos involucramos en ella si anhelamos su bienestar espiritual mas que su agradecimiento.

Andrew Blackwood, quien por mucho tiempo fue profesor de homilética en el Seminario Teológico Princeton, aconseja al predicador que establezca una regla y jamáas haga excepción alguna; comience, continúe, y termine con oración. Un sermón bíblico, dice él, posiblemente valdra todo lo que el predicador invierta en el mismo, el tiempo que le dedique, el pensamiento que le ofrezca y la oración.

Porque en su estudio el profeta puede edificar su altar y poner sobre el mismo la madera. Allí puede colocar su sacrificio de forma amorosa… sermón […] pero todavía sabe que el fuego debe venir de Dios. Y vendrá si ora antes de obrar, y si obra en el espíritu de oración.

Edward Payson (1783-1827) ejemplificó la preparación del sermón con estudio diligente lleno de horas de oración. Pastoreó la Segunda Iglesia Congregacional de Portland, Maine. Su rapidez en la lectura, su agudeza en la asimilación de los detalles, y su buena erudición eran notables. Estudió los escritos de Jonathan Edwards y otros, pero su mayor celo estribaba en el estudio de la Biblia y la oración por la ayuda de Dios en la interpretación y la aplicación de la misma. La oración era el hecho mas obvio en su historia”. El “estudió teología en sus rodillas. Se pasó gran parte de su tiempo literalmente postrado con la Biblia abierta ante él, rogando las promesas.

La disciplina de Payson le llevó a guardar su tiempo. Su horario regular era de doce horas diarias de estudio; dos para devoción, dos para relajarse, dos para comer y tener devocionales familiares, y seis para dormir. En su diario y sus cartas, hay muchos comentarios como este: “Se me ayudó mucho en los estudios […] fui capacitado para escribir doce páginas de mi sermón. Fue mucho mas precioso porque pareció ser respuesta de oración”. Escribió el 17 de marzo de 1806 que desde que comenzó a rogar por la bendición de Dios sobre su preparavión; “He realizado mas en un semana que lo que antes hacía en todo un año”.

Hasta en casos en que Payson sintió que había predicado débilmente, su pueblo era refrescado. Cuando se sentía muerto en las devociones, frecuentemente continuaba orando hasta alcanzar la victoria. Dios  reanimó en gran medida a este predicador como reanimó al salmista. Durante horas Payson oraba por los perdidos y les testificaba con frecuencia. Vio a muchos salvarse y ser añadidos a la iglesia.

Un hermano le dijo a Payson que se sentía descorazonado en cuanto a la predicación debido a su falta de experiencia e ignorancia. Payson le escribió que él mismo se había sentido así

Esto me llevó a orar casi incesantemente […] Confío en que El, que me ha guiado a mi y a mils de otros igual de tontos, así lo hará contigo […]Si habremos de hacer mucho por Dios, debemos pedirle mucho a El… No puedo recalcar esto mas. La oración es lo primero, lo segundo y lo tercero que necesita un ministro, especialmente en temporadas de reavivamientos […] Ora, entonces, mi querido hermano, ora, ora, ora.

Charles Spurgeon (1834-1892) un predicador que fue usado en gran manera, enfatizó mucho la oración. Opinaba que los ministros debían orar sin cesar (1ª Tes. 5.17). “Todas nuestras bibliotecas y nuestros estudios son nada comprarados con nuestras recámaras. Crecemos, nos fortalecemos y prevalecemos en la oración privada”, escribió. Oraba al elegir un tema al adentrar el espíritu de un texto, al ver las profundas verdades de Dios, al exhibirlas, al recibir frescos arroyos de pensamiento, y para la presentación. Porque:

Nada puede prepararle de manera tan gloriosa para predicar como descender fresco del monte de la comunión con Dios para hablar con los hombre. Nadie es capaz de rogar con los hombres como aquel que ha estado luchando con Dios a su favor.

Spurgeon estudiaba arduamente, pero obtuvo algunos de sus mejores pensamientos mientras predicaba. O al sentirse restringido, se lamentaba en secreto con Dios y recibía una libertad poco común. “Pero cómo nos atrevemos a orar en la batalla si jamás le hemos llorado al Señor  mientras nos ponemos los arreos”.

Luego de predicar, Spurgeon veía a la oración como algo estratégico, “Si no podemos prevalecer con los hombres por Dios, al menos tratemos de prevalecer con Dios por los hombres”.

Así que el predicador que realiza su labor de la forma que Dios deses ora, pero también nombra a otros para que oren por el éxito de la Palabra.

Poder mediante las oraciones de otros.

A comienzos de este siglo, Jhon Hyde oró por los predicadores en las conferencias en India. El y R. M’Cheyne Pateson oraron durante un mes por una conferencia en 1904. George Turner se unió a ellos por tres de esas semanas. Dios salvó cientos de personas y restauró a creyentes. Hyde se arrodillaba muchas horas en su cuarto o se postraba en el suelo, o se sentaba en un mensaje mientra intercedía por el conferenciante y los oyentes.

Dwight L. Moody (1837-1899), fundados del Instituto Bíblico Moody, frecuentemente vio a Dios obrar poderosamente cuando otros oraban por sus reuniones en los EE.UU. y en el extranjero. Le enviaba frecuentes telegramas a R. A. Torrey en la escuela, pidiendo oración. En Australia, se reunieron 2,100 grupos de oración en las casas por espacio de dos semanas antes de que llegara. Dios convirtió muchas vidas. Luego de que Torrey muriera, la Señora Torrey dijo: “Mi esposo fue un hombre de mucha oración y estudio bíblico. Se negó la interacción social hasta con sus mejores amigos, a fin de tner tiempo para la oración, el estudio y la preparación para su obra”.

Torrey dijo: “Ore por grandes cosas, espera grandes cosas, obre por grandes cosas, pero sobre todo ore”. Le dijo a los miembros de la iglesia, “Desean un nuevo ministro? Puedo decirles como obtenerlo. Oren por el que tienen hasta que Dios lo rehaga”. Creía que “la oración es la llave que abre todos los almacenes de la gracia y el poder infinito de Dios”. Pastoreó por muchos años la Iglesia de Chicago Avenue en Chicago Illinois, luego denominada Moody Memorial. Gran parte del crecimiento allí provino de la oración de Torrey y las personas que oraban que se  reunían los sáabados por la noche y domingo por la mañana.

Payson anteriormente mencionado, reunía personas para orar en las “Sociedades de Aaron y Hur” en grupos de cuatro y cinco por una hora. Ellos oraban antes de que Payson predicara. Un predicador necesita ser lider de la oración y tambien lograr que la iglesia:

Se estimule orando por las influencias del Espíritu divino; y ellos deben reunirse frecuentemente para este propósito […] En ese deber reconocemos explicitamente, no solo a El, sino a nuestras criaturas compañeras, que nada sino las influencias de Su Espíriotu pueden hacer que cualquier medio sea efectivo, y que somos completamente dependientes… de Su Soberana voluntad.

Payson dependía de las oraciones de otros. Su itinerario de conferencias frecuentemente estaba lleno. Preparaba cuatro sermones semanaeles algunos para la prensa. Dentro de un período de dos meses también tuvo tres mensajes de ordenación, dos mensajes para sociedades misioneras, y uno para un asilo de mujeres. No importaba cuan ocupado estuviera, mantuvo sus vigilias de oración. Su biografo dice que “la oración […] era el negocio preponderante de su vida[…] mediante la cual derivaba abastecimientos interminables” Añade que “su conversación, estaba en el cielo”.

Spuergeon dijo mucho acera de la oración de otros. El predicador, no importe cuan brillante, consagrado o elocuente sea, no tiene poder sin la ayuda del Espíritu:

La campana en el campanario podrá estar bien puesta, bien hecha, y ser del mejor metal, pero no suena hasta que la hagan sonar. Y […] el predicador no tiene palabra de vida para los muertos en el precado, o de consuelo para los santos vivos a menos que el espíritu divino [Espíritu] le de un empuje de gracia, y le ruege hablar con poder. De ahí la necesidad de orar tanto por el predicador como por los oyentes.

Spurgeon dijo que el rogaba hasta llorar por las oraciones de otros. La iglesia solo podía continuar a prosperar mediante la intercesión abundante. El percibía la reunión de oración de los lunes en la noche, en el Tabernáculo metropolitano de londres “como el termómetro de la iglesia”. Durante años gran parte del auditorio y la primera galería estuvieron llenos para estas reuniones. Según Spurgeon, la reunión de oración era “la mas importante de la semana”.

La Primacia de la Oracion

La oración reina suprema, junto con la Palabra de Dios, en los ministerio del Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, y desde entonces. El predicador contemporáneo, como siempre, necesita un sabio balance entre los diferentes aspectos de la preparación del sermón que dependan de la capacidad humana y las facetas que requieren a Dios para su todopoderoso poder. El hombre que representa a Dios en el púlpito debe cultivar una creciente pasión en cuanto a ser el canal de mas oración y diligencia que pueda para anunciar el mayor mensaje de todos los tiempos.

 

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