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La oración contemplativa

In artículos apologéticos on abril 26, 2012 by cesaito27

La Oración Contemplativa

23 ABRIL 2012

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La Oración Contemplativa

(Abril / Mayo de 2012 – Volumen 18, Número 2)

Escrito por Gary Gilley

(Abril / mayo de 2012 – Volumen 18, Número 2)

De todas las disciplinas espirituales que promueve el Movimiento de Formación Espiritual, ninguna es más importante que la oración y el alimentarse de la Palabra de Dios. Superficialmente podríamos esperar, poca resistencia a estas dos disciplinas, ya que han sido reconocidas como esenciales para el crecimiento espiritual por casi todos los cristianos de todas las tradiciones. Por desgracia, un examen más detenido nos descubre que lo que se entiende por la mayoría de los cristianos evangélicos cuando se refieren a la oración y el alimentarse de la Biblia no siempre es lo que los líderes dentro de la formación espiritual quieren decir. Comenzamos con Donald Whitney, profesor asociado de la Espiritualidad Bíblica en el Seminario del Sur, que está de acuerdo con Carl Lundquist:

La iglesia del Nuevo Testamento construyó otras dos disciplinas sobre la oración y el estudio de la Biblia, la cena del Señor y los pequeños grupos de células. Juan Wesley hizo hincapié en cinco obras de piedad mediante la adición del ayuno. Los místicos medievales, escribieron cerca de nueve disciplinas agrupadas en torno a tres experiencias: la purgación del pecado, la iluminación del espíritu y la unión con Dios. Más tarde, el enfoque de la Convención de Keswick a la santidad práctica giraba en torno a cinco ejercicios religiosos diferentes. Hoy el libro de Richard Foster, Celebración de la Disciplina, enumera doce disciplinas, todas ellas relevantes para la el cristiano contemporáneo. Pero cual sean los variados ejercicios religiosos que puedan ejercerse, sin los dos más básicos de Emaús – la oración y la lectura de la Biblia – las otras están vacías y sin poder. [1]

En futuros artículos sobre la formación espiritual sacaremos luz de la Escritura en muchas de estas disciplinas, pero sólo es adecuado y prudente empezar con los dos universalmente reconocidos como lo más importante. Como Whitney y Lundquist afirman, sin la oración y la lectura de la Biblia, todas las demás disciplinas están vacías y sin poder. Comenzamos con la oración, porque su lugar en las enseñanzas de formación espiritual es aún más prominente que el estudio bíblico. Por supuesto, la posición de la oración en la vida del creyente es sin lugar incuestionable y necesita poca defensa. La oración se enseña, modela y se expresa en la Biblia. Después de que los discípulos habían estado con Jesús por un tiempo y fueron testigos de su vida y poder, trajeron una petición a Dios: “Señor, enséñanos a orar.” Jesús respondió, no dándoles una oración de memoria para repetir, sino lo que a menudo llaman “La Oración del Señor” como modelo. La necesidad y el mandamiento de orar rara vez son objeto de debate. El por qué tenemos que orar a la luz de la soberanía y la omnisciencia de Dios y la forma en que oramos son dos cosas diferentes. Oramos, no porque hemos desentrañado todos los misterios de la oración, sino porque Dios nos dice que oremos y de alguna manera nuestras oraciones realmente hacen una diferencia.

El cómo orar se vuelve más complejo y se encuentra en el corazón del tema en cuestión. La Escritura no dicta una cantidad fija de tiempo para orar, ni aprueba o desaprueba las posturas particulares en la oración. Si enseña la necesidad de la oración, tanto corporativas como privada, y modela y nos instruye sobre las razones para orar: para adorar a Dios, para llevar nuestras peticiones a Dios, darle gracias, y para confesar el pecado. Lo que es importante tener en cuenta en toda la Escritura es que la persona que ora se dirige a Dios. Si bien Dios se comunica con nosotros a través de la Biblia, nosotros respondemos a Él en oración. Un modelo bíblico de oración es aquella en que el creyente se acerca al Padre en la fe, a través del ministerio de mediación de Cristo Jesús, en el poder del Espíritu Santo, para comunicar a Dios alabanza, acción de gracias, súplicas y confesión. Si bien este paradigma, que voy a llamar a lo largo de este documento “la oración bíblica,” no es negado por aquellos en los círculos de formación espiritual, no es por lo general lo que tienen en mente cuando hablan de la disciplina de la oración. La oración bíblica es nuestra comunicación con Dios. A medida que el Señor nos habla a través de Su Palabra, nos dirigimos a Él en oración. Tales oraciones son racionales, inteligentes y fluyen de nuestras mentes. Pablo dijo que iba a orar con su espíritu y su mente también (1 Corintios 14:15), no sin / o. Cuando oramos estamos haciendo uso de nuestro intelecto dado por Dios a medida que le adoramos en espíritu y en verdad (Juan 4:24). Debemos orar sin cesar (1 Tes 5:17) y en las oraciones vamos a dar conocer nuestras peticiones (Flp 4,6). En la oración, alabamos a Dios por Sus atributos conocidos. En la oración, confesamos pecados específicos (1 Juan 1:9). Lamentablemente, la oración bíblica, como se describió anteriormente, no es lo que los defensores de la formación espiritual se refieren por la oración contemplativa.

Tenemos que tomar una mirada a la oración contemplativa y hacer algunas preguntas importantes: ¿Qué es y en qué se diferencia de la oración bíblica? ¿Cómo se practica? ¿Cuál es su objetivo? ¿Cuál es su origen? ¿Y por qué nos importa?

¿Qué es la Oración Contemplativa?

En primer lugar, como es común en todo el Movimiento de Formación Espiritual, el catalizador ofrecido para la investigación de las disciplinas, incluyendo la oración contemplativa, es la insipidez supuesta de la oración bíblica. Larry Crabb, en su libro La Oración de PAPA, lo resume de esta manera:

La oración [Bíblica] a Dios es algo así como un correo electrónico a un familiar que nunca ha visto, que vive en un lugar donde nunca ha estado. En la correspondencia de respuesta (para embellecer la analogía), su pariente envía una imagen de sí mismo, nunca envía una foto de su casa o terreno, y siempre escribe una carta genérica dirigida a “Mis parientes muy queridos”, como los que recibimos cada Navidad. Su e-mails no vienen sólo a usted y por lo tanto, no se dirigen sólo a usted. Él nunca llama. Y usted no le puede llamar. No tiene teléfono. [2]

Crabb contrasta este tipo impersonal de oración (tal como se encuentra en la Escritura), con una forma contemplativa, la oración que él llama PAPA haciendo una promesa a todos los que la utilicen: “estoy prometiendo que Papa hablará a usted. Le encanta una buena conversación.” [3]¿Quién no estaría intrigado por tal oferta?

Entonces, ¿para qué es la oración contemplativa? Se inicia con desapego. Richard Foster, en su edición original de 1978 de Celebración de la Disciplina, escribió, “la meditación cristiana es un intento de vaciar la mente con el fin de llenarla” (p. 15). ¿Llenarla con qué? En las religiones orientales una persona vacía su mente para convertirse en uno con el universo (o la Mente Cósmica). En la mística cristiana se vacía la mente para llegar a ser uno con Dios. Foster cita a una serie de místicos para describir esta experiencia. Por ejemplo, hay un místico ruso Teófano el Recluso que dijo: “Orar es descender con la mente en el corazón, y allí estar en pie delante del rostro del Señor, siempre presente, que todo lo ve, dentro de ti.” [4] Lo que Foster y Teófano dicen con esto es una incógnita, pero es una parte vital de la experiencia mística.

El desprendimiento que sigue es el paso de la iluminación, en el que se llena la mente recién vaciada y el corazón con la supuesta comunicación con Dios. El principal medio de lograr la iluminación es a través del uso de la técnica que estamos discutiendo: la oración contemplativa. La oración contemplativa es el tema constante de la mística, sin embargo, es simplemente un medio para un fin que es la unión con Dios. El objetivo final del místico, no importa qué religión o que tradición, es la unión con Dios (o dioses del universo) hecha posible a través de la oración contemplativa. Los místicos afirman a menudo encontrar la unión con Dios en lo profundo de sus almas. Teresa de Ávila dice: “Como yo no podía hacer la reflexión con mi entendimiento me las ingenié para imaginarme a Cristo dentro de mí.” [5] Ella también es citada diciendo, “Dejate a ti mismo en la soledad y e encontrarás con él en ti mismo.” [6]

Este tipo de experiencias supuestamente resultan no sólo en un contacto extrasensorial con Dios, sino también en la comunicación de Dios. Richard Foster nos dice: “Debemos vivir esuchando en un perpetuo silencio interior para que Dios sea la fuente de nuestras palabras y acciones.” [7] A través de estos métodos, especialmente el de la oración contemplativa, una persona va a vaciar su mente (separa), entonces se llenan de experiencias imaginativas con Cristo (adjuntan) quien se va a encontrar en el silencio de su alma, dando lugar a Dios, convirtiéndose en la fuente de sus palabras y acciones. Todo esto, sin duda, suena atractivo para muchos, aunque nada este tipo de enseñanza se encuentra en las Escrituras.

Los Objetivos

Cavando un poco más profundo, parece que hay dos objetivos superpuestos a la oración contemplativa. El primero es encontrar a Dios de una manera inexplicable. Ruth Haley Barton, conocida en los círculos de formación espiritual y anteriormente en el personal en Willow Creek Community Church, describe este deseo:

Hay muchos términos que tratan de capturar esta dinámica – la oración silenciosa, la oración centrada, la oración contemplativa, la oración interior, la oración del corazón. Cada uno lleva un matiz ligeramente diferente, pero todas ellas son intentos de capturar la misma cosa: el movimiento de las palabras a una intimidad que no requiere de palabras. Esta intimidad es una que los amantes conocen cuando se entregan al acto de hacer el amor [8]

Cabe señalar que este tipo de expresión erótica / romántica de la relación del creyente con Dios es la historia común entre los místicos.

Ruth Barton da más detalles. Ella cita a Carlo Carretto, la vida mística católica justo antes de la Reforma, “Así llega el momento cuando las palabras son superfluas… El alma conversa con Dios, con una sola mirada de amor, aunque esto a menudo puede ir acompañado por la sequedad y el sufrimiento.” [9 ] Barton describe la oración contemplativa como un nivel “más profundo de la intimidad que nos lleva más allá de la comunicación, lo que implica sobre todo palabras y conceptos, a una comunión, que es sobre todo más allá de las palabras. Si hay alguna palabra en absoluto, estas se reducen a las expresiones más simples y más viscerales.” [10] Más tarde, escribe, “Usted no piensa en su oración de aliento, usted lo descubre al escuchar sus anhelos más profundos y deseos en la presencia de Dios.” [11]

Los promotores de la oración contemplativa no están particularmente interesados en la mente. De hecho, la mente se interpone en el camino. Es la experiencia de alguna manera encontrarse a Dios en una forma indescriptible que se desea. Este es el objetivo de todo misticismo verdadero sin importar la religión, y contemplación es el principal medio utilizado para lograr este objetivo.

El segundo objetivo de la oración contemplativa es escuchar realmente de Dios. John Ortberg, un pastor de enseñanza en Willow Creek Community Church, afirma: “Una cosa es hablar con Dios. Otra cosa es escuchar. Cuando escuchamos a Dios, recibimos la guía del Espíritu Santo.” [12]Mientras que los evangélicos hablan más de la inspiración del Espíritu Santo, Ortberg parece ir más allá cuando explica:

Desde luego no hay manera de probar que Dios me estaba hablando. Algunos amigos me han dicho al principio en la vida se les dio un sentido claro de lo que Dios les estaba hablando.Aprendieron a reconocer ciertos movimientos del corazón y la mente siendo la voz de Dios así como los niños aprenden a reconocer la voz de su madre… Tengo que estar abierto a la posibilidad de que a veces Dios me habla directamente… Tenemos que aprender a escuchar la pequeña voz aún… De hecho, ser abierto y receptivo a la guía del Espíritu Santo es una parte no opcional de transformación. [13]

Bruce Demarest escribe, “la creciente intimidad requiere prestar especial atención a la otra persona. Cuando ese otro es Dios, es necesario detener mi propia voz y escuchar en silencio. Entonces puede detectar los susurros suaves del Espíritu. Con demasiada frecuencia, no somos capaces de escuchar a Dios hablar, porque no estamos escuchando atentamente.” [14]

Richard Foster, la autoridad hoy en día más a menudo consultada por los contemplativos, escribió un libro entero para transmitir este punto. El abre el Santuario del Alma con estas palabras: “Jesucristo está vivo y está aquí para enseñar a su pueblo a sí mismo. Su voz no es difícil de escuchar, su vocabulario no es difícil de entender. Pero aprender a escuchar bien y oír correctamente no es tarea fácil.” [15] Él continúa dos páginas más adelante, mientras hace un repaso de sus propias experiencias: “Ahora, no estoy hablando aquí de una voz exterior que puede ser captada por los equipos electrónicos. Eso sin duda es posible, ya que la Biblia da testimonio suficiente. Pero aquí estoy hablando de un susurro interno, un discurso profundamente en el corazón, un conocimiento interior.” [16] Es interesante observar que Foster no parece reconocer que esta “voz interior de Dios” no tiene base bíblica. Cuando habla de la voz audible de Dios, Foster puede señalar al capítulo y al versículo por lo menos dando indicio de que Dios habló audiblemente en alguna ocasión en los tiempos bíblicos. [17] Pero él no puede hacerlo con las voces interiores de Dios, porque, de hecho, la Biblia nunca menciona este tipo de mensajes interiores del Señor. Cuando Dios habló en las Escrituras era audible y objetivo, no interno ni subjetivo. Foster, los contemplativos, y muchos otros alineados con el evangelicalismo han inventado una forma de comunicación divina que nunca se encuentra en las Escrituras. Incluso el “silbido apacible y delicado”, tomado de la experiencia de Elías (1 Reyes 19:12-18) utilizada en casi todos los libros de formación espiritual era una voz real, y no una voz inaudible escuchada en el interior de su alma. Sin embargo, tan importante que es escuchar la voz de Dios en la oración que Foster cita a Elizabeth O’Connor diciendo: “Esto puede ser extremadamente difícil, porque las iglesias no tienen cursos de meditación, a pesar de que es un arte que debe aprenderse de los que lo han dominado, y a pesar del hecho de que la tarea suprema de la iglesia es escuchar la Palabra de Dios.” [18]

Hay una serie de cosas erróneas con esta declaración. Ante todo, el autor equipara las voces interiores, que se supone están siendo interpretados como de Dios, como la propia “Palabra de Dios.” Es importante tener en cuenta toda la literatura de formación espiritual. A menudo hay avisos dados por los contemplativos en el sentido de que tal revelación no está a la par con las Escrituras, ni estas comunicaciones alguna vez se contradicen con las Escrituras. Pero la realidad es que estas palabras percibidas son considerados la misma “Palabra de Dios”, como O’Connor y Foster afirman. Tricia Rhodes escribe: “Una vez que estoy en ese lugar de tranquilidad, a menudo pregunto: ‘¿Señor, qué quieres que yo conozca en este momento?¿Qué queréis que tenga en cuenta?’ Por sorprendente que parezca, a menudo escucho una palabra específica que está delante de mí.” [19] El ex evangelista Leighton Ford dice: “Al ayudarme a pensar [20] en ‘permanecer’ mientras una conversación continua en la que escucho la voz de Dios y hablo de nuevo a él.” Larry Crabb nos dice que “La oración es más sobre nosotros escuchando a Dios que de El escuchándonos. Somos la audiencia.” [21] Esta idea de que vamos a escuchar directamente de Dios, en lo profundo de los recreos de nuestras almas, y por lo tanto tener una relación mucho más íntima con él, explica la atracción de la oración contemplativa. Y al mismo tiempo atractiva, tenemos que preguntarnos: ¿Dónde es enseñada en la Escritura la oración contemplativa? ¿Y dónde en las Escrituras se nos dice que la oración se trata de Dios hablándonos a nosotros más que de nosotros hablando con El? ¿Y dónde en la Biblia encontramos alguna referencia a Dios hablándonos en nuestros espíritus con una voz inaudible?

Otra falla en la declaración de O’Connor tiene que ver con la idea de que esta forma de escuchar a Dios debe ser enseñada por los maestros espirituales (“los que la han dominado”). En primer lugar, cuando el Señor habla en la Escritura, que era siempre audible, nadie tuvo que enseñar al oyente cómo escucharlo – lo sabían que sin tomar clases o leer libros de cualquier otra persona que se trataba de Dios hablando. En segundo lugar la implicación directa es que abandonados a nosotros mismos, nunca seremos capaces de aprender el arte de escuchar a Dios y si no nos convertimos en expertos en este arte, vamos a tener un déficit en nuestro desarrollo espiritual. La formación espiritual se mantiene o cae en las creencias extra-bíblicas, en las palabras internas de Dios, que se dan sólo durante la práctica del arte de la oración contemplativa como fue enseñado por los “maestros espirituales”, es decir, católicos y ortodoxos místicos y sus discípulos.

Larry Crabb nos asegura: “Estoy escuchando a Dios de una manera que no había hecho antes. A veces, aunque nunca de forma audible, he oído del Padre hablar con más claridad de lo que esucho a una voz de un amigo humano… Déjenme decirles esto: una vez que usted escuche de parte de Dios, será enganchado.” [22] Sin embargo, Crabb y otros contemplativos no aprenden las doctrinas y los métodos a los pies de Jesús, tal como se revelan en las Escrituras, sino de los antiguos Padres del Desierto y las madres y los místicos católicos tanto del pasado como de los modernos. La razón de estas técnicas deben ser aprendidas de los “maestros espirituales” se debe a que los autores inspirados de la Palabra de Dios no dicen nada acerca de ellos, ni tampoco lo hizo Jesús. Esto sin duda debería decir volúmenes a cualquier persona que realmente quiere saber y hacer la voluntad de Dios.

Las Técnicas

Hablando de técnicas, exactamente ¿cómo hace uno para practicar la oración contemplativa? Algunos de ellas ya se han mencionado arriba en el proceso triple de desconectar, iluminación y unión son descritas. Pero echemos un vistazo a las prácticas reales. Cuando lo hacemos, nos encontramos con que las técnicas utilizadas y promovidas por los contemplativos cristianos son prácticamente idénticas a las de las religiones orientales como el budismo, el hinduismo y Kabala judío, por lo que son familiares para la mayoría de nosotros a través de presentaciones multimedia de la Meditación Trascendental (TM) y el yoga. Gary Thomas da estas instrucciones no comunes a aquellos que quieran practicar la oración contemplativa, con el objetivo de encontrar a Dios de una manera mística:

Elija una palabra (Jesús o Padre, por ejemplo) como un punto para la oración contemplativa. Repita la palabra en silencio en su mente por una cantidad fija de tiempo (digamos, veinte minutos) hasta que su corazón parezca estar repitiendo la palabra por sí misma, al igual que de forma natural e involuntaria como la respiración. Sin embargo, centrar la oración es un acto contemplativo en el que usted no hace nada. Simplemente está descansando en la presencia de Dios [23]

Por lo tanto, la repetición de palabras o frases cortas, un mantra, es la clave para esta experiencia. Barton está de acuerdo, pero primero se establece el estado de ánimo: “Siéntese en una posición cómoda que le permite permanecer alerta. Respire profundamente en este momento como una forma de liberar cualquier tensión que podría estar reteniendo y tome conciencia de la presencia de Dios, que está más cerca que su aliento. Permítase disfrutar de la presencia de Dios en silencio por unos momentos.” [24] Marcos Yaconelli, en su libro Tiempo de Inactividad que está diseñado para ayudar a los adolescentes en el desarrollo de la vida contemplativa, escribe: “A veces invito a los estudiantes a un tiempo de oración, pidiendoles que se centren en el mismo acto simple de respirar … Cierre los ojos y simplemente note su respiración … Imagine con cada respiración que usted está respirando el amor de Dios, y con cada exhalación usted está liberando todas las distracciones, cada angustia, cada tensión y resistencia a Dios.” [25]

Una vez que esté en el estado de ánimo adecuado esté listo para un mantra. Barton escribe: “Elige tu nombre favorito o la imagen de Dios mientras estes en relación con él ahora mismo, como Dios, Jesús, Padre, Creador, Espíritu, Aliento de vida, Señor, Pastor…” [26]

¿Qué más? Mientras que Richard Foster sugiere una serie de metodologías, dice, “encuentre la mejor manera de sentarse en una silla de respaldo recto, con la espalda en posición correcta en la silla y los pies apoyados en el piso … Ponga las manos sobre las rodillas, las palmas hacia arriba en un gesto de receptividad. A veces es bueno cerrar los ojos para eliminar las distracciones y centre la atención en Cristo. En otras ocasiones, es útil reflexionar sobre una imagen del Señor o mirar algunos hermosos árboles y plantas para el mismo propósito.” [27] Brennan Manning da estas instrucciones en su libro, La Firma de Jesús: “El primer paso en la fe es dejar de pensar acerca de Dios en la oración … la espiritualidad contemplativa tiende a enfatizar la necesidad de un cambio en la conciencia … debemos llegar a ver la realidad de manera diferente … Elija una sola palabra sagrada … repita la palabra sagrada interiormente, poco a poco y con frecuencia … Entre en el gran silencio de Dios. Solo en ese silencio, el ruido dentro se calmará y la voz del amor será escuchada.” [28]

Al parecer, la repetición de la mantra desencadena la mente en blanco, o permite que la mente y el corazón se separen. Con la mente en punto muerto y el corazón abierto a ya sea a voces ó visiones que se encuentre, acompañado con una imaginación muy viva, el individuo entra en un estado místico. Este es el estado apreciado por el misticismo y hecho posible a través de la oración contemplativa. En cuanto a todo esto Foster alienta a: “Aunque pueda parecer extraño a los oídos modernos, debemos sin vergüenza inscribirmos como aprendices en la escuela de la oración contemplativa.” [29] Por el contrario, buscamos en vano en encontrar incentivos de esa índole o instrucción en la Escritura.

Uno de los objetivos más importantes de la oración contemplativa, como ya hemos visto, es escuchar la voz de Jesús, no audible (al menos no como una norma), sino como “un susurro interno, un discurso profundamente en el corazón, un conocimiento interior.” [30] Foster nos asegura que muchos personajes de la Biblia tuvieron esta experiencia, incluyendo a Moisés y Elías. [31] Lo que Foser y todos los promotores del místicismo se equivocan en no tomar en cuenta es que cuando los personajes bíblicos escucharon hablar a Dios o ángeles oyeron una voz audible, no un “susurro interno.” Por esa razón, rara vez alguien en los relatos bíblicos dudaron en que él o ella había oído hablar a Dios. No así el místico que debe “aprender a escuchar la voz de Dios.” [32] Foster nos asegura que con el tiempo vamos a ser capaces de distinguir la voz de Dios de todas los demás, incluyendo la de Satanás y la nuestra. Una manera de determinar esto, se nos dice, es recordar, “Satanás presiona y condena, Dios señala y alienta. Usted puede notar la diferencia.” [33] Por supuesto esto es una burda generalización. Sabemos, por ejemplo, que es el Espíritu Santo que nos convence de pecado y de juicio (Juan 16:8) y que Dios pronuncia las advertencias y juicios a través de las Escrituras. Jesús mismo declaró “ayes” de juicio sobre los fariseos que se consideraban los líderes espirituales de Israel (Mateo 22:13-36); claraenete El llamó a Pedro “Satanás” en un momento dado y le dijo que se quitara de delante de El, porque Pedro era una piedra de tropiezo a Él (Mateo 16:23). Carcacterizar la voz del Señor, como sólo atrayente y estímulante significaría que tendría que hacer caso omiso de grandes porciones de la Palabra de Dios.

En su libro Santuario del Alma, Foster cuenta con tres pasos básicos para la oración contemplativa: Recrodando, viendo y escuchando. [34] Él las define de la siguiente manera:

  • Recordando – dejando de lado todas las distracciones que compiten, incluso las buenas, hasta que hemos llegado a estar verdaderamente presentes donde nos encontramos. Esto se puede hacer, centrándose en un nombre, palabra o frase.
  • Contemplando el Señor – “Una mirada hacia el interior constante del corazón a Dios, el centro Divino… El alma, se introduce dentro del Lugar Santo, siendo paralizado por lo que ve.” [35] Durante esta fase, algunos han experimentado un intenso calor alrededor de sus corazones, [36] . otros hablan en lenguas [37]
  • La oración de escuchar – es en este paso que Dios nos habla a nosotros y disfrutamos de Su plena presencia [38] (pp. 80-88).

El objetivo final de estas técnicas es la unión con Dios, o lo que Foster llama, pedir prestado de laNube del No Saber, “la vida contemplativa.” Foster explica:

El nivel más alto, la vida contemplativa consiste en su totalidad en el aprendizaje de cómo vivir en la presencia de Dios. Hay oscuridad aquí, pero no es una oscuridad de la ausencia, sino más bien una oscuridad de conocimiento incompleto. Somos llevados a la “nube” por el amor y sostenida en ella dirigiendo la mirada a Dios. Cerramos cualquier otra fuente de estimulación – sensual, intelectual y reflexiva – con el fin de centrarse solamente en Dios. En este nivel, podemos incluso ir más allá de nuestros pensamientos de Dios para morar en su presencia sin pensamiento o distracción. Por supuesto, nadie en esta vida puede mantener este nivel de concentración por mucho tiempo … Pero nuestro llamado no es a dejar de lado la oportunidad, sino de reconocer nuestros propios límites. [39]

Esta cita resume tanto los métodos y los objetivos de la vida contemplativa. A través de diversas técnicas extra-bíblicas, se entra en una esfera que está desprovista de pensamiento y sentimiento en un esfuerzo por experimentar la presencia de Dios de una manera inexplicable. Esta es la unión o el éxtasis, tan apreciado por el místico y se encuentra en todas las formas de misticismo.. Sin embargo, no se encuentra o alienta en las Escrituras. La vida contemplativa, según lo expresado por los líderes de formación espiritual, me hizo pensar en algo que se encuentra en Isaías, en un contexto diferente. En los días de Isaías, el pueblo se convertía, no a Dios sino a los espiritistas de la información oculta. Isaías les dice:

He aquí, yo y los hijos que me dio Jehová somos por señales y presagios en Israel, de parte de Jehová de los ejércitos, que mora en el monte de Sion. Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? (Isaías 8:18-19).

No estoy acusando a los contemplativos de ser espiritistas, pero que al igual que los espiritistas están buscando experiencias y conocimientos no sancionadas en las Escrituras. Thomas Merton escribió: “La vida de contemplación… es la vida del Espíritu Santo en nuestra alma más íntima.Todo el deber de la contemplación es abandonar lo que es vil y trivial en [su] propia vida, y hacer todo lo [que] pueda ajustarse… a los impulsos secretos y oscuros del Espíritu de Dios.”[40] Cuando los cristianos empiezan a buscar “a los impulsos secretos y oscuros”, supuestamente del Espíritu Santo, como fueron enseñados por los hombres y mujeres de la doctrina errante en lugar de las Escrituras, estamos sin duda en un terreno inestable. Haríamos bien en prestar atención al profeta Isaías. La advertencia de Isaías a los Judios de su tiempo es aplicable a nosotros ahora. Él le dice a Judá, si la gente no habla “de acuerdo a esta palabra, es porque no les ha amanecido.” Es decir, los mismos que están reclamando la iluminación y el conocimiento esotérico que no se encuentra en las Escrituras no saben lo que están hablando –así que no los sigas. En su lugar vuelvan a la ley y al testimonio, es decir, la Palabra de Dios, para nuestra fuente de verdad.

Ejemplos

Muchos evangélicos están recurriendo a la formación espiritual y a las disciplinas espirituales. He aquí una muestra: Leighton Ford, el ex evangelista asociado con Billy Graham, es ahora un partidario fuerte de la formación espiritual. Él describe su práctica de la oración contemplativa de esta manera: “A menudo, en la mañana me siento en una silla favorita en mi estudio con una taza de café, con música clásica, no tratando de formar una oración con las palabras, sino esperando, escuchando, hasta que tal vez tengo la sensación del Espíritu trayendo a la superficie una palabra de parte de Dios. A continuación ofrezco un simple “Gracias.” [41] Tricia McCary Rhodes se basa en los Padres y Madres del Desierto del siglo IV para aprender el arte de la “oración de aliento”, que es “elegir una frase que es simple y sincera y puede ser ofrecida al Señor en un suspiro… Una vez que haya decidido sobre la frase en particular, esto se convierte en el foco de nuestra comunión con Cristo por un tiempo. Algunas personas les gusta repetir la oración en numerosas ocasiones, mientras inhalan y exhalan, calman su corazón ante el Señor.” [42] Ella nos dice: “En esta práctica se toma unos minutos para frenar la respiración a medida que mentalmente inhala la realidad la presencia de Dios y exhala el ruidoso clamor dentro de nosotros. Inhalamos la paz de Cristo y exhalamos la ansiedad del día. Inhalamos limpieza de pecado y exhalamos la culpa y la condenación.” [43]

En primer intento de Rhodes de la oración aliento ella, “casi de inmediato … oyó las palabras: ‘Dame un corazón para ti,’ y yo sabía que esto era lo que quería y más necesitaba –Una renovación de anhelo para el amante de mi alma” [44]

Una de las formas más populares de la oración contemplativa hace uso de la “Oración de Jesús.” Mike King, un pastor de la Iglesia del Pozo de Jacob en Kansas City, escribe en su libro Ministerio de la Juventud Centrado en la Presencia:

En los siglos después de la resurrección de Jesús, sus seguidores buscaron formas para estar en comunión profunda con Dios. Una forma de oración [era] la oración respiratoria… La oración más antigua de este tipo se llama la oración de Jesús: “Señor Jesucristo, el Hijo del Dios Viviente, ten misericordia de mí, pecador… Con la inhalación, ora la primera parte: “Señor Jesucristo, el Hijo del Dios Viviente.” Con la exhalación, la segunda parte, “Ten piedad de mí, pecador.” [45]

Un ejemplo más extenso viene de la pluma de Ruth Barton mientras ella conduce un retiro de liderazgo:

Recientemente nuestro liderazgo en la comunidad fue en un retiro para escuchar la dirección de Dios… Más tarde ese día, una de las personas que habían oído hablar acerca de nuestra decisión [sobre un tema en particular] sentí a Dios diciendo: “¡Usted puede ayudar con eso!” Después de haber aprendido lo que el espacio de oficina costaría, ellos sintieron que Dios la llevó a aportar los fondos que nos permitieron tener el espacio para el año… [En respuesta a Barton] sentí a Dios diciendo muy claramente: “No sabes lo que te depara el futuro, pero yo sí , y yo sé lo que se necesita para ese futuro. Es por eso que estoy dando esto.” [Entonces escuchó a Dios preguntar], “¿Qué hacer con los dones?” “Usted los recibe,” me oí responder.He esuchado a Dios diciendo: “Deja de apegarte y aferrarte, sólo reciban lo que les estoy dando y luego edifique su ministerio con eso.” [46]

El profesor Bruce Demarest señala a sus lectores hacia dos místicos pos-Reforma para ilustrar la riqueza espiritual de la vida contemplativa. [47] El primero es la monja de la Contra-Reforma Teresa de Ávila, cuyo “clásico” libro de Castillo Interior es una descripción prácticamente incomprensible de la fantasía mística que los discípulos de formación espiritual aman. Después de haber leído el libro, tengo serias dudas de que muchos tienen alguna idea de lo que están hablando cuando describen sus supuestas visiones del Señor detallando siete salas (o capas) de las experiencias progresistas con Dios. Aún más preocupante es el segundo héroe de Demarest, Thomas Merton, un monje trapense de Kentucky, que murió en 1968. Ningún místico moderno, además de Richard Foster ha tenido más influencia en el Movimiento de formación espiritual que Thomas Merton. Su trabajo y promoción de la oración contemplativa no puede ser sobrestimada. Sin embargo, incluso Demarest admite que hacia el final de la vida de Merton se volvió atraído por el misticismo oriental y creía que la meditación Zen y la contemplación cristiana persiguen la misma meta. En última instancia no veía ninguna diferencia entre el budismo y el cristianismo y una vez que visitó al Dalai Lama para “descubrir la verdad en el diálogo.” [48] Demarest no está de acuerdo con Merton en este punto, sin embargo, él y la mayoría de los contemplativos miran a Merton como un maestro espiritual y un guía de la formación espiritual.

Conclusión

La formación espiritual tiene por objeto atraer a los evangélicos a las antiguas prácticas contemplativas católicas y ortodoxas con el fin de acercarnos más a Dios, experimentar su presencia, y oír su voz, aparte de las Escrituras. Con el fin de optar por esta forma mística de espiritualidad, los contemplativos están dispuestos a comprometerse en prácticamente cada esquina. Las doctrinas centrales como la sola fide y la sola Scriptura se encogieron de hombros como secundarias. Los métodos nunca encontrados en la Biblia como un verdadero medio de crecimiento espiritual y de conocer a Dios, son enfatizados. Y los herejes completos como Thomas Merton se consideran fiables los guías espirituales de la espiritualidad. Los contemplativos se han vendido a la mística católica y han abandonado la enseñanza de la Escritura. Lamentablemente, en el proceso muchos evangelicos sin discernimiento siguen su ejemplo.

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